Por: Iván Mejía Álvarez

¡Arriba, Colombia!

Colombia ha tenido tres brillantes generaciones futbolísticas en su historia. La primera fue aquella del año 75, cuando El Caimán Sánchez dirigió un equipazo que llegó a la final de la Copa América. Fueron subcampeones pero dejaron constancia de su categoría. Después vino la del 90, que duró diez años y que, comandada por Maturana y Gómez, estuvo en tres mundiales. Para los aficionados de edad media esa camada resulta inolvidable. Y ahora, afortunadamente, el país vive el surgimiento de una nueva generación que, mezclada con algunos veteranos, vuelve a la élite del fútbol mundial.

Esta oleada tiene hoy ante Grecia la gran posibilidad de instalarse en el Olimpo. Jugadores de la clase de James Rodríguez, Cuadrado, Ibarbo, Teófilo, Bacca deben entender que el tren de la gloria sólo pasa una vez por la estación y que es necesario montarse en el momento justo, a la hora adecuada, para poder perdurar. No hacerlo sería desaprovechar ese instante que la vida brinda.

Sea cual sea la alineación que el técnico envíe a la cancha, Colombia quiere pedirles a los jugadores que se pongan la camiseta en Belo Horizonte, que no guarden una sola gota de sudor, que lo brinden todo, que se monten a la gloria que este país, ansioso de buenas noticias, les está pidiendo. Eso en cuanto a la parte emocional de temperamento y fibra.

En lo otro, jugar al fútbol. Ellos son conscientes de que deberán ser presionantes en la recuperación de la pelota y que la tarea defensiva, como lo ha expresado Pékerman, es un asunto en el que todos están involucrados. Desde arriba comenzar a presionar, cerrar espacios, bloquear maniobras, estar junticos y compactos. Si todos, incluidos James y Cuadrado, no son mancomunados, la defensa pasará malos momentos. Funcionar como un equipo significa ser solidarios para recuperar y para avanzar.

Dos conceptos básicos, repliegue y desdoblamiento, deben regir los moldes del equipo. El repliegue para cerrar caminos y el desdoble para abrirlos, pues al final de cuentas el fútbol no es más que eso, abrir y cerrar espacios en defensa y en ataque. Esos conceptos no son más que lo que modernamente se llama transición y que Renato Cesarini, por allá en los años 60, llamaba el acordeón del fútbol.

No hay motivo para no creer en esta generación. Son buenos, tienen hambre de gloria, ganas de triunfar y fundamentalmente juegan bien a la pelota. ¡Vamos muchachos, estamos con ustedes!

IVÁN MEJÍA

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