Arte para la cordura

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Durante la historia de la humanidad un sin número de artistas se ganaron la mala fama de locos. Gabriele D’Annunzio, famoso poeta italiano adepto al fascismo, cuando se lanzó a la aventura de conquistar la ciudad dálmata de Fiume tras el acuerdo de Versalles, decidió establecer una dictadura poética en la ciudad y dividir Fiume en 10 corporaciones inspiradas en cada una de las musas, incluyendo una musa inventada por él: la musa de la energía. Edgar Allan Poe, maestro de la literatura de terror, murió de un delirium tremens ocasionado por su ferviente alcoholismo. Vincent van Gogh, pintor único en su estilo y genio del color, se cortó una oreja sin razón aparente y fue a entregársela a una mujer en un burdel. Se decía que el famoso bailarín ruso Nijinsky, después de su última representación en 1919, murió joven en el más absoluto desconsuelo, pero la verdad es que pasó los siguientes 30 años de su vida saliendo y entrando de distintas clínicas psiquiátricas buscando un alivio para sus tormentosas alucinaciones. 

Debido a esta clase de historias, los artistas nos hemos ganando la fama de estar locos, y aunque hoy en día los padres ya no toman tan mal la noticia de que uno de sus hijos iba a dedicarse a las artes, hace un tiempo era la peor noticia que un padre podía escuchar. El miedo a que los hijos se enrollen en un mundo inestable, psicótioco y poco usual, hace que muchos padres tiemblen ante la expectativa de que no salgan vivos de ahí o de que mueran en la más absoluta pobreza. 

Hoy en día, a pesar de los temibles ejemplos que he dado al inicio de este artículo, se ha demostrado que las artes contribuyen a fortalecer la salud mental, a conservar la cordura y a acrecentar nuestra capacidad de ser empáticos y solidarios con nuestros semejantes. En estos tiempos en los que muy difícilmente regresemos pronto a un museo a ver una muestra o a un teatro a ver un espectáculo, las artes han adoptado otro rol completamente diferente, que es otorgarle a las personas un espacio de esparcimiento, reflexión y amor propio mientras pasan la cuarentena en casa. Creo que durante estos tiempos, como directora de una escuela de arte, puedo afirmar que muchas personas se han acercado a esta práctica y han descubierto en dicha actividad la maestra más grande sobre el valor de la vida humana, sus vicisitudes y lo mucho que tenemos en común con las personas que nos rodean. 

Por un lado, las artes se convierten en la metáfora de la vida interior del individuo, que al acercarse a la actividad artística puede representar sus vivencias interiores y lograr un producto creativo a partir de su sufrimiento o de sus reflexiones. Por otro, durante el proceso creativo se aprenden importantes lecciones sobre cómo se deben abordar las situaciones de dificultad. Comparto ahora algunas de mis experiencias. Uno de los talleres que yo misma tomé durante esta cuarentena fue un taller de acuarelas. Mi intención era la de homenajearme a mí misma pintando una flor representativa de mi crecimiento personal para que me acompañara como recordatorio de mis promesas. Por un lado, el propósito creativo ya era de sanación, pero por otro, las acuarelas me enseñaron algo que no esperaba: la pintura se escurría por la hoja, palidecía o se ensombrecía a su antojo y no había nada que pudiera hacer al respecto. En la técnica de acuarelas el pintor solo tiene parte del control, pues el color hace de las suyas sin que uno se lo ordene. Aprendí por medio de las acuarelas que no tenemos el control sobre ninguna situación y que el resultado final a frecuentemente puede no ser exactamente lo que queremos. Sin embargo, si logramos apreciarlo, a menudo ese resultado es mucho más bello de lo que imaginamos en un principio. 

Este proceso es absolutamente contrario a enloquecer, pues alimenta nuestra sabiduría y nos ayuda a ver la vida desde otra óptica completamente distinta. En estos tiempos de incertidumbre lo mejor para lidiarla es despertar nuestro ánimo creativo y dejarnos llevar por los senderos que nos indican nuestras aptitudes artísticas.

@valentinacocci4, valentinacr424@gmail.com

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