Comunidad de Bojayá le da el último adiós a las víctimas de la masacre de 2002

hace 1 hora
Por: Cartas de los lectores

Articulación universitaria con la paz

En la edición dominical de El Espectador (6-oct-19) se publicó una interesante crónica sobre la articulación que busca el sector universitario del país con toda la temática relativa a la convivencia y reconciliación de los actores de los críticos períodos de violencia, que aún soporta la Colombia del posconflicto.

La Universidad de la Paz —así se llama este esperanzador proyecto— trata de establecer lugares físico-sociales para que se conviertan en escenarios de encuentro entre víctimas y victimarios, y a fuerza de expresar sentimientos profundos, los unos y los otros puedan concluir con serenidad que, por el bien de las generaciones venideras, vale la pena pasar la página. Desde luego que esto resulta fácil proponerlo; el reto consiste en consolidar este proyecto, que ya empieza a tener rostro.

El hecho de que se haya hecho el lanzamiento desde lugares deprimidos como el departamento de Chocó y que cuente con el apoyo de una universidad emblemática para el país, como la Universidad de los Andes, es motivo suficiente para que el resto de las universidades colombianas, de manera especial aquellas situadas en las zonas denominadas rojas, como el Catatumbo, el Pacífico nariñense, Putumayo, Casanare, Arauca y Antioquia, entre otras, puedan comprometerse con la puesta en marcha de sedes de la Universidad de la Paz. En estos espacios, las nuevas generaciones de profesionales y, por ende, de líderes nacionales, regionales y locales tendrán la oportunidad de sensibilizarse en medio de personas que han sufrido los rigores de una guerra.

Cuando llega ese aluvión de acontecimientos adversos a la justicia, la seguridad ciudadana, la economía, la diplomacia internacional y la hostilidad de los vecinos, saber que estos proyectos tan llenos de esperanza han comenzado a caminar, resulta imperativo que los rectores universitarios —de los sectores públicos y privados— se interesen para que se articulen con sus extensiones, que con seguridad serán similares, pero que en conjunto resultan con más fuerza. Solo se trata de coordinar las fortalezas institucionales. Por ejemplo, la Universidad Nacional y la Universidad de Nariño tienen sedes en Tumaco. Allí debería haber ya una sede de la Universidad de la Paz, que bien podría liderar una acción en equipo con el resto de universidades regionales. La población de esta parte del país tiene que sentir la presencia de actores serios y fuertes que quieran ayudarlos.

Ana María Córdoba Barahona. Pasto.

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