Chávez: de problema incómodo a amenaza

Promover un conflicto entre hermanos, es absurdo, es dictatorial, es inmoral.

En los últimos años se han conocido evidencias que señalan, en el mejor de los casos, una actitud permisiva con las organizaciones terroristas colombianas por parte de gobiernos vecinos. Con Ecuador, por muchos años se tuvo una gran colaboración. Incluso hasta el gobierno anterior se tenían canales permanentes de coordinación. Sin embargo, diferentes razones los llevaron a una menor acción en contra del crimen en la frontera, permitiendo así la violación de su soberanía con campamentos permanentes del terrorismo en su territorio. Y lamentablemente aparecieron los nexos con el actual gobierno que no se han podido desvirtuar.

Con Chávez el tema es más grave. Da la impresión que existe una agresión indirecta que se observa en tres frentes: Bases seguras al terrorismo con las ventajas respectivas (descanso, logística, planeamiento y contactos internacionales), acceso a armamento que genere desequilibrio estratégico (lanzacohetes para ser usados contra objetivos estratégicos: por ejemplo el Presidente), y el uso de recursos económicos para financiar políticos y organizaciones sociales y políticas afines a grupos al margen de la ley. ¿Será una coincidencia o será parte de un plan de expansión? Cuantas veces no se le ha pedido que actúe en contra de los campamentos violatorios de la soberanía venezolana. ¿Por qué no lo hace?

Pero si lo anterior no fuera grave, el mundo ha sido testigo de manifestaciones agresivas sin precedentes en las relaciones internacionales. Han cerrado las fronteras al comercio a discreción, han anunciado movilizaciones de tropas, tanques y han dicho que nos van a "prender los sukhoi", han lanzado agravios personales al Presidente, al gobierno y a varios colombianos; y más recientemente se ha anunciado la disposición a librar una guerra contra Colombia. Esto ya dejó de ser un tema risible por el "tropicalismo", para convertirse en una amenaza al futuro de nuestra nación.

Promover un conflicto entre hermanos, es absurdo, es dictatorial, es inmoral. Este señor Chávez habla como si él mismo fuera el pueblo pero seguro que a los ciudadanos de Venezuela no les puede atraer que los lleven a una guerra con sus hermanos. Qué fácil es hablar de guerra cuando no se conoce de ella. En Colombia, lamentablemente, sí sabemos el dolor y la desolación que trae consigo la violencia. Por Dios que locura, que insensatez, en pleno siglo XXI tales expresiones.

Pero con ignorar o subestimar los problemas, éstos no se resuelven. No podemos esperar a que un día éste señor pase de las palabras a los hechos y no tengamos cómo reaccionar. Además, no se debe olvidar que ser subestimado es la gran ventaja del presidente Chávez. No nos equivoquemos.

El Presidente Uribe debe ser rodeado en este tema. Merece reconocimiento. Con su talante, seguro que querría responder las agresiones, pero ha preferido la prudencia y no caer en provocaciones. El país debe tener un norte estratégico en éste sentido, sin color político, precisamente para garantizar nuestro modelo de desarrollo y nuestra democracia, que es lo que está en juego con la llamada expansión de la "revolución". Es necesario actuar en el frente diplomático, en materia comercial para mitigar los efectos económicos, en materia social en las fronteras, y en garantizar una capacidad defensiva creíble que motive la paz a través de la disuasión a los potenciales agresores.

En cuanto a la capacidad disuasiva, hay dos elementos claves. Por un lado, continuar el fortalecimiento del potencial estratégico de las fuerzas armadas. Los recursos extraordinarios de estos años fueron dirigidos principalmente a mejorar las capacidades para enfrentar al terrorismo y al narcotráfico. Ello fue una demostración de foco, y de convicción de paz en la región. Nuestras fuerzas armadas tienen experiencia y profesionalismo, pero requieren herramientas adicionales (documentadas por estudios del MDN). La defensa no se puede delegar. El día de una agresión dependeremos solamente de la respuesta efectiva de nuestras fuerzas armadas.

Y por otra parte, el desarrollo de alianzas con naciones amigas es importante. En primer lugar, para que nos ayuden en nuestro objetivo de derrotar a las organizaciones del crimen, y en segundo lugar, para que nos permitan fortalecer nuestra defensa. Cuando con el ex ministro Santos se concibió el acuerdo de defensa con Estados Unidos, el incremento de la cooperación con Brasil, Perú y México; la profundización de la relación con Israel, Francia y España; y los acercamientos a la Otan, se hizo con visión estratégica, y con la convicción de cooperación e integración que lo ha acompañado toda su carrera. Se buscaba precisamente seguir elevando nuestra capacidad frente al narcotráfico y al terrorismo, y mejorar la defensa de la nación.

¿Por qué el acuerdo con Estados Unidos? Hasta hoy, ha sido un amigo que nos ha dado apoyo real, tecnología, entrenamiento, y fondos para la recuperación social, con lo cual se ha contribuido a mejorar la situación del país. La reducción de los recursos del Plan Colombia ha hecho necesario cambiar el perfil de la cooperación de simplemente receptores de ayuda a aliados estratégicos. El acuerdo implica profundizar lo que venimos haciendo desde hace más de 10 años, acceso a inteligencia, ejercicios de entrenamiento, acceso a logística y material, y cooperación para la instrucción a fuerzas armadas de otras naciones que requieran de nuestra experiencia en la lucha contra el terrorismo y el narcotráfico. De manera clara el acuerdo implica que no habrá bases americanas en territorio colombiano, continuará la presencia a decisión del gobierno de Colombia en instalaciones militares colombianas como ocurre desde hace varios años.

Nos exigen explicaciones en la región por el acuerdo. Es insólito, ni más faltaba, no tenemos que dar cuentas por nuestras relaciones bilaterales con otros países. Cuándo el gobierno de Colombia ha cuestionado que Chile haya adquirido aviones F-16, submarinos, fragatas, tanques Leopard2; que Venezuela haya adquirido sukhoi, buques, helicópteros etc., la presencia de bombarderos rusos, o la posibilidad de una base rusa; o el acuerdo militar entre Brasil y Francia que incluye la fabricación conjunta de submarinos nucleares; o las compras hechas por Ecuador. No se puede intervenir en las decisiones soberanas de los gobiernos.

Si a Chávez lo que le molesta es que por tener presencia de cooperación americana en Colombia se le dificultan sus intenciones de agredirnos, ¡pues aún más bienvenido el acuerdo! Su reacción quizá confirma que su deseo de atacar a Colombia no es solamente palabras, es real. Que mantiene la idea de tarde o temprano anexar a Colombia a su absurdo plan de expansión "bolivariano" (que pena con el Libertador). No es él quien debe exigir no firmar un acuerdo con una democracia, somos nosotros quienes debemos exigir que cese el apoyo a las Farc, al ELN, y al narcotráfico, si quiere tener relaciones con Colombia.

(*) Ex viceministro de defensa

 

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