Por: Columnista invitado

Artimañas de Idartes

Por: Alberto López de Mesa*

A la frenética invitación del uribista Fernando Londoño a “volver trizas los acuerdos firmados por el gobierno y las Farc”, le salió su gemelo en la farándula: el veto alevoso de Julio Correal a la participación este año en Rock al Parque del metalero venezolano Paul Guillman, dizque por ser chavista declarado.

Correal, arquetipo de la frivolidad, sin otra ideología distinta a la plata, disfrazando sus oscuros intereses en el evento roquero, trinó en las redes una censura al artista invitado y su insidia. Además de hacerse viral entre una audiencia susceptible a las pasiones maniqueas, fue replicada con explícita cizaña por periodistas de televisión, radio y periódicos.

La afrenta tuvo implícitas perversidades de toda índole: fundamentalismo ideológico, xenofobia, manipulación de información, envidias, sevicias, etc. Y fue tal la componenda mediática, que el equipo organizador del evento, la directora de Instituto Distrital de las Artes (Idartes), Juliana Restrepo, y sus asesores cedieron ante la presión y sacaron de la programación al grupo del artista chavista y simpatizante de Maduro, con el argumento de que la polarización manifiesta en los comentarios en las redes podía provocar enfrentamientos violentos.

Nunca en sus años de existencia en Rock al Parque se ha denunciado un solo muerto. No obstante, se sabe que en el mundo del metal, del punk y del new rock pueden haber corrientes fascistas, comunistas, marianas y hasta satánicas. En estos tiempos de pos verdades, la inquina de un fanfarrón como Correal puede calar en la inconsciencia colectiva.

Le escuchamos a la directora de Idartes una decisión cobarde, intimidada por los medios de comunicación, lo cual a su vez revela lo que vienen manifestando muchos grupos sobre los criterios de invitación a los eventos al parque: que en los procesos de selección tanto de grupos invitados como en los que concursan hay artimañas.   

Criterios explícitamente discriminatorios y estigmatizantes, como el que impuso Julio Correal y que aceptó la institución, se practican desde los tiempos en que él y sus allegados decidían directamente cuáles grupos invitaban, cuáles descalificaban y en qué condiciones se presentaban.

Le pido a Idartes y a los periódicos de Bogotá que por decencia divulguen la excelente carta de Paul Gillman en respuesta a su exclusión. Él merece ser escuchado y aceptado. Démosle, de una buena vez, la bienvenida a la diferencia.

*Alberto López de Mesa, arquitecto y habitante de calle

 

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