Por: Uriel Ortiz Soto

Asamblea Constituyente, única salida

Con los graves acontecimientos ocurridos en las últimos días, donde el Congreso de la República continúa desintegrándose por cuenta de la parapolítica, es apenas lógico que se adopten medidas de fondo y nada de paños de agua tibia, como los que se pretende aplicar con la Reforma Política que hace curso en medio de la zozobra, quórum precario y la incertidumbre de los mismos ponentes y jefes de bancada, que ni ellos mismos saben lo que están aprobando.

De una Reforma Política seria y consiente con la grave realidad nacional que se está viviendo, depende que los colombianos de bien volvamos a creer en los partidos políticos, las instituciones legislativas y demás organismos del Estado. Es que el diagnóstico que se quiere aplicar está muy lejos de solucionar y atajar los graves problemas que se están viniendo encima.

Los ventiladores de la parapolítica así lo están indicando. Se requiere de una dosis fuerte que inicie con la reestructuración de los partidos políticos porque, tal cual están conformados, no son garantía alguna para sus electores que son la esencia misma de su constitución y existencia. No olvidemos que el desprestigio no es solamente en el Congreso; las Asambleas departamentales y Concejos Municipales; gobernaciones y alcaldías, aunque no todos, son verdaderos nidos de corrupción. Todo esto por falta de un Estatuto de Partido que regule las postulaciones a los cargos por elección popular.   

El escenario de la parapolítica que en los últimos dos años ha sido promotor de sucesivos escándalos ha hecho perder la conciencia democrática, mística de partido, sin disciplina y sin organización. Por lo tanto, mal podemos seguir tolerando semejante despelote donde todos los días aparecen nuevos personajes y nuevas instituciones oficiales y privadas comprometidas con organizaciones oscuras que operan al margen de la Ley: narcotráfico, guerrilla, paramilitarismo, corrupción y delincuencia común organizada. El ventilador de la parapolítica todos los días aumenta de voltaje. Cuando hablan sus promotores, pareciera que golpearan el alma nacional de los colombianos. En verdad que lo están logrando, pero adversamente a lo que son destinos positivos de nuestra patria.

Parece que los voceros de las diferentes bancadas tienen el ánimo de aplicar sanciones más rígidas a quienes se hacen elegir a sabiendas que se encuentran inhabilitados y que su curul será demandada. Así mismo sancionar a los partidos o movimientos políticos que les expidieron el aval en forma ligera sin tomarse la molestia de iniciar un proceso de postulación a través de los medios de difusión y la opinión pública; buscan que se les castigue privándolos de la curul, dejando la silla vacía, sin que entre quién le siga en lista, y al partido que lo avaló, obligarlo a reintegrar los dineros girados por el Tesoro Público por concepto de reposición, sufra también el descuento de los votos obtenidos en forma fraudulenta y finalmente la cancelación de la Personería Jurídica.

¿Pero qué tan legal es la figura de la, silla vacía? Todo indica que constitucionalmente no es viable, puesto que va en contravía de los Artículos 171 y 176 de la Constitución Política, que fija un número determinado de Senadores y Representantes, lo que equivaldría a señalar con la propuesta un número indeterminado de congresistas. La norma es explícita en cuanto señala un número determinado. De aplicarse esta figura, la Constitución del 91 empezaría a desmoronarse más que todo en lo que tiene que ver con la Rama Legislativa, con graves consecuencias en los diferentes órganos de la administración pública, no solamente a nivel nacional, sino regional y municipal. Es decir, vendría todo un despelote administrativo en todos los órdenes.

Considero que la Reforma Política no puede ir más allá de las capacidades por cierto muy precarias que actualmente tiene el Congreso para autoreformarse, si es que así lo decide, contrariando la voluntad de la mayoría del pueblo colombiano. Como todo indica que el escenario de la parapolítica todos los días continuará dando más sorpresas, el único camino que queda es el de la convocatoria a una Asamblea Constituyente, con el fin de empezar a reconstruir el país políticamente.

Para lograr tal objetivo es menester empezar a crear conciencia democrática, con responsabilidad y disciplina de partido. Expedir un Estatuto lo suficientemente serio y rígido para impedir que hacia el futuro se filtren los vicios que actualmente nos tiene postrados frente a un mar de incertidumbre y de vergüenza nacional e internacional. En esta convocatoria deben estar incluidas todas las organizaciones de la Sociedad Civil: Empresa privada, universidades, sindicatos, Iglesia Católica, demás organizaciones religiosas y todas las ONG legalmente constituidas.

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