Por: Daniel Mera Villamizar

Asesinato de líderes sociales: ni banalizar ni politizar

La banalización ha sido aislada y corregida; la instrumentalización, masiva y aceptada.

Lo primero consiste en restarle importancia o gravedad al fenómeno; lo segundo, en aprovechar el fenómeno para una causa distinta. Ambas son actitudes censurables. Sin embargo, la segunda ni se nota en medio del discurso dominante.

Como le decía al exministro Juan Fernando Cristo esta semana en un debate de Zona Franca de RED+ Noticias, una cosa es defender la vida de los líderes sociales y otra, defender el acuerdo de paz con las Farc. Si de verdad quisieran involucrar a “todos los sectores sociales y políticos del país”, no confundirían una cosa con la otra.

Proteger la vida de los líderes sociales requiere un conjunto de medidas acorde con la evolución de la situación, algunas previstas, otras no. Hay que aproximarse con la mente abierta para encontrar mecanismos eficaces, sin propósitos políticos.

Pero si se oye con atención a los voceros mediáticos de la marcha del 26 de julio, lo único concreto que están pidiendo es atenerse a lo previsto en el “acuerdo del Teatro Colón”. Cuando i) es obvio que desde el 2016 hay circunstancias agravantes, y ii) lo que importa es la efectividad de las medidas, no su origen.

Un “pacto político” implicaría enfrentar los hechos sin discutir las explicaciones de los hechos. Centrarse en el riesgo y la protección de los líderes sociales, sin política ni ideología, con la autoridad moral para hablarles a las autoridades y distinguir entre las causales de los asesinatos de los líderes sociales e incluso su calidad.

Lo que tenemos es distinto. El diagnóstico que ofrecen está politizado e ideologizado. Humberto de la Calle dijo en Pregunta Yamid: “la estigmatización y la ferocidad de la política colombiana son un caldo de cultivo y generan un marco de violencia”, “nadie puede estar creyendo que está interpretando los insultos de las ciudades convirtiéndolos en violencia en el campo”. Suena a la violencia liberal-conservadora de mediados del siglo pasado.

De la Calle haría bien en quitarse las anteojeras y leer bien al Defensor del Pueblo: las razones de las muertes e intimidaciones “responden a la lucha de los líderes contra los cultivos de coca, la minería ilegal o la destrucción del medio ambiente, mientras protegen sus parcelas o territorios”. Esa sobrevaloración de los insultos en el Congreso termina encubriendo los motivos prosaicos de los asesinos.

“La inmensa mayoría está en zonas de conflicto, donde las disidencias de las Farc, el ELN, bacrim, Águilas Negras, grupos neoparamilitares o bandas que protegen economías ilegales imponen su ley o mantienen enfrentamientos por controlar regiones o corredores estratégicos” (revista Semana).

Por eso le decía a Cristo en el debate que como el acuerdo con las Farc se hizo mal, la pérdida de control territorial, copada por grupos armados ilegales, es lo que ha creado el caldo de cultivo para que se haya disparado el asesinato de líderes. Esto es real, fáctico, no una interpretación sobre el impacto rural del lenguaje político degradado en las ciudades.

De ahí el cinismo de la Farc de salir en el centro de la foto de la marcha en Bogotá: impulsaron el mar de coca, no colaboran con el desmantelamiento del narcotráfico y fueron benevolentes hasta la complicidad con las disidencias y el ELN, hechos del verdadero caldo de cultivo del asesinato de líderes sociales.

A los negociadores como De la Calle y Cristo también ha debido remorderles la conciencia en esa marcha. No sabemos. Lo que sí sabemos es que “banalizan” los esfuerzos del gobierno, la Fiscalía y el aporte de la Defensoría y la Procuraduría, y que Cristo dijo en Zona Franca que el gobierno manipula las cifras para mostrar una disminución en la tendencia de los asesinatos de líderes sociales.

Dejaron más de 200 mil hectáreas de coca y regalaron control territorial, pero encabezan el “reclamo al gobierno de acciones eficaces e inmediatas, no para disminuir los asesinatos, sino para ponerles fin”. Así, de un día para otro. Ese es su “pacto político”, sin incluir una fórmula para disminuir la coca.

Deberían admitir la politización y la ideologización, como primer paso para corregirla. Al presidente Duque le gritaron “asesino” en Cartagena, lo que no mereció rechazo en el comunicado de los convocantes de la marcha al día siguiente. Igual habrían gritado en cualquier ciudad porque en el núcleo de la marcha estaba ese increíble odio político.

Una marcha con asesinos impunes que le grita asesino a un presidente noble que trata de enfrentar la espiral de asesinatos que dejaron los líderes de la marcha. Hemos ido demasiado lejos.

@DanielMeraV

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Asesinato de líderes sociales: ni banalizar ni politizar

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