Así fue el primer vuelo internacional que salió de Colombia

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La fila era insoportable. El calor de Cartagena, sumado a la cantidad de personas que aguardaban el ingreso al aeropuerto, daba como resultado un ambiente no propicio para la tranquilidad. Hasta el personal del aeropuerto estaba confundido. Había dos filas. Una para el vuelo programado a las 12:10 de la tarde y otra para el de las 2. Ambos tenían como destino la ciudad de Miami, pero ni los guardias de seguridad ni los pasajeros sabían cuál fila pertenecía a cada vuelo.

El personal de la aerolínea salvó la patria cuando comenzó a preguntar a cada persona por el vuelo que estaba esperando. Y fue de esta forma como entramos los pasajeros de la primera frecuencia. De no haber sido así, se podría haber corrido el riesgo de perder el vuelo. Esto, sin embargo, no sorprende. Las primeras veces siempre se prestan para cometer errores y aprender de ellos. Y esta era la primera vez que un vuelo internacional comercial despegaba desde Colombia en la era del coronavirus.

Juan Francisco Espinosa, director de Migración Colombia, parecía un pasajero más. En el recorrido desde la fila afuera del aeropuerto, hasta el punto de migración, siempre estuvo presente con su personal de apoyo. La decoración en el counter de la aerolínea, las cámaras y la logística que había en el sitio, daban la sensación de que estaba pasando algo extraordinario como la llegada de un actor o jugador de fútbol famoso. Pero no, solo era la reactivación de los vuelos internacionales, algo que hasta hace seis meses era común y corriente.

Esto es solo una muestra de lo pendiente que estuvo Migración Colombia del proceso. Aunque como en casi todo, también hubo lunares. El miércoles, cuando se anunciaron los protocolos, Espinosa afirmó en La W Radio que la prueba PCR se le pediría a todos los viajeros internacionales, tanto quienes entraran como quienes salieran. La afirmación creó mucha confusión entre los viajeros, pues mientras Espinosa decía esto, Fernando Ruiz, ministro de Salud, decía que era un requisito únicamente para los que entraban al país. Al final, tal como lo afirmó el ministro, la prueba PCR no fue un requisito para salir del país.

Si no hubiera sido por todo el misterio y parafernalia que le metieron al tema, se puede decir que hasta antes de abordar fue un viaje internacional como los de antes del Covid. Las preguntas de siempre en migración no faltaron: ¿Motivo del viaje? ¿Cuánto tiempo va a estar fuera del país? ¿Destino final? etc. Sin embargo, el panorama general del aeropuerto sí era extraño y hasta escalofriante. ¡Éramos cuatro personas haciendo check in y ocho personas en la sala de espera! Algo que, sin duda, nunca se vio antes del Covid. Cinco empleados de la aerolínea fueron suficientes para atender a los pasajeros en Cartagena.

La soledad en el aeropuerto de Cartagena cobró sentido cuando se entró al avión. Este venía de Medellín y solo hacía escala en ‘La Heroica’ para recoger a los ocho gatos que estábamos en Cartagena. La aeronave venía repleta. Si las acciones de una masa de personas pudieran hablar, esta habría dicho claramente: “queríamos vuelos internacionales ya”. Precisamente fue este factor el que le dio vía al gran error que tuvo este primer vuelo internacional.

El problema está en que incumplió los protocolos. Estos establecen que para poder viajar se debe diligenciar un formulario y especificar todo acerca del viaje; incluso el asiento dentro del avión. Supongamos que alguien diligencia el formato con el asiento que aparece en su reserva, pero a la hora de abordar la azafata le recalca: “Siéntese en cualquier asiento que esté libre”. Y efectivamente le toca hacerlo porque su puesto original está ocupado. ¿En dónde queda y de qué sirvió el protocolo? ¿Nos demoramos seis meses para esto? En caso de que alguna persona a la que le cambiaron su puesto resulte infectada, el mapa epidemiológico va a ser inútil.

La pandemia también cambió la forma en las que se desembarca el avión. Si bien en algunos vuelos nacionales la azafatas son las encargadas de indicar el orden de desembarco, en este vuelo esa apreciación destacó por su ausencia. La tripulación de cabina solo se limitó a pedir prudencia y colaboración con el protocolo. Sin embargo, fue más la gente que, sin más ni menos, se levantó de su asiento cuando no le correspondía y trató de salir lo más rápido posible. Este es otro detalle que, por más que esté escrito en los protocolos bajo “se deben evitar las aglomeraciones”, si no se cumple, no sirve de nada.

A pesar de sus traspiés, el vuelo cumplió su objetivo. Menos de tres horas después de haber despegado, el avión aterrizó en el Aeropuerto Internacional de Miami a las 3:20 de la tarde con alrededor de 200 personas a bordo.

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