Por: Luis I. Sandoval M.

Así no es la paz

El país está ante hechos que van totalmente en contravía de la paz: la represión a muerte de la protesta social legítima, el asesinato graneado pero incesante de dirigentes sociales, el desconocimiento de acciones absolutamente legales como las consultas sobre asuntos mineros y energéticos, el entorpecimiento de acciones ampliamente respaldadas por millones de firmas para revocar el mandato de alcaldes, el desconocimiento del derecho de huelga de los trabajadores, la permisividad con la explotación irracional de nuestros páramos y otras riquezas naturales… Así no es la paz.

El Gobierno, este Gobierno de Juan Manuel Santos, el presidente galardonado con el Premio Nobel de Paz, está realizando diálogos con las guerrillas para desarmarlas pero no está dando pasos con plena decisión para asegurar el monopolio de la fuerza en el Estado y menos para hacer uso ponderado y legal de esa fuerza con el fin de garantizar las libertades de ciudadanos y ciudadanas... Así no es la paz.

El establecimiento, lo que Álvaro Gómez Hurtado llamaba “el régimen”, los poderes reales que están dentro y fuera del Gobierno, en los gremios económicos, los medios de comunicación, los grandes pulpos financieros, los cenáculos de familias de rancio abolengo, esos poderes que todo lo condicionan y determinan están aplicando en el manejo del posconflicto lo que Alejandro Reyes este domingo en El Espectador llama “la displicencia”. Displicencia, desgano, desaliento, falta de voluntad en cumplir los acuerdos… Así no es la paz.

La Justicia Especial para la Paz, la JEP, se acordó en La Habana ponderando la relación entre justicia y paz, justicia para que no haya impunidad, justicia en una medida que no se vuelva imposible la paz. Esa justicia reparadora, restaurativa, no vengativa, no calcada en la Ley del Talión que prescribe ojo por ojo y diente por diente, se basa en el reconocimiento de que el conflicto, la guerra de más de 50 años que se trata de superar, es de naturaleza política y que, por tanto, la salida es política y que los insurgentes, sometidos a la JEP, pueden transitar de las armas a la política. Cambiar esta lógica y este resultado corresponde a lo que el jefe negociador, Humberto de la Calle, ha llamado perfidia… Así no es la paz.

La paz no se reduce al silenciamiento de los fusiles, la verdadera paz requiere la superación de los odios que han inspirado, atizado y envilecido el conflicto. Eso es la reconciliación como estadio superior de la paz. Mediante ella, si es sincera y no solo simbólica, los que antes eran enemigos se aproximan, se reconocen, se perdonan, crean condiciones para que también las víctimas los perdonen, y se convierten en amigos y cooperantes. No puede el país entusiasmarse un día hasta el delirio a nivel de gobernantes y millones de personas con las sabias palabras del papa Francisco sobre reconciliación y luego mantener el rechazo a los exguerrilleros y seguir radicalmente polarizados… Así no es la paz.  

En Tumaco siete de cada diez personas están desempleadas, la política de sustitución de cultivos pactada no se está cumpliendo, en cambio sí se realiza una erradicación forzada de matas de coca pertenecientes a campesinos que no tienen otra cosa de qué vivir y cuando protestan por ello y exigen planes de desarrollo integral son masacrados por balas oficiales… Así no es la paz. 

No se pueden desacreditar los acuerdos de paz incumpliéndolos, una paz burlada con las Farc-Ep sería nefasta para los diálogos en curso con el Eln y para los que ahora pide también el Epl… Así no es la paz. 

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