Por: Pedro Viveros

Así pinta el 2020

El 2019 fue un año de muchas convulsiones. Estas sacudidas sucedieron en el mundo y en Colombia. Las protestas de calle (que yo prefiero denominar democracia callejera) presentaron en sociedad una especie de inconformismo temático. El cambio climático, las desigualdades y la educación fueron argumentos de estas luchas que salen a la luz pública luego de los 230 años de la revolución francesa. Es como una especie de “recorderis” de la búsqueda permanente de razones, vía debate entre pasado y presente, siempre pensando en el futuro de las naciones que alzaron la voz durante este año, pasando por París, Santiago, Quito o Hong Kong y Bogotá.

En el bicentenario de la independencia colombiana también nos tocó vivir la expresión en las vías de nuestras ciudades. Bogotá, Cali y Medellín fueron centros de protestas que pasaron del vandalismo al pacifismo de una forma gradual y bajo el entendido de no convertirse en la “chilenización” de las marchas. A fe que lo lograron el gobierno y los indignados. Fue un gana-gana porque mientras menguaban las convocatorias, la administración Duque abrió mesas de conversación que sirvieron para involucrar a los organizadores del paro, pero también a quienes no salieron, pero tienen angustias en su diario vivir. ¿Si así fue el ruidoso 2019, cómo será el 2020?

En este atisbo del año que entra, comenzaré por decir que las jornadas van a continuar porque los estudiantes, indígenas, sindicatos y demás sectores encontraron en las avenidas del país, unas arterias que comunican la Colombia que los fracasados e históricos partidos políticos no logran albergar. Esos “pactos de caballeros” entre los liberales y los conservadores del siglo XX son esperpentos que asustan. La emergencia de una clase media más fuerte y educada quiere que la gobiernen, pero también proponer ideas para sentir que también manda. Como en tiempos de la Reforma de Lutero, sin intermediarios. No es un galimatías, es lo que se ve profundizar con un ingrediente adicional: las elecciones de Congreso y Presidencia de 2022.

Otro elemento que me atrevo a visualizar para el 2020 es la nueva dinámica del del presidente Iván Duque. La gente podrá apoyar o criticar a un gobernante que no tiene un solo escándalo de corrupción en los meses que lleva de mandato. Quiere ensayar una nueva forma de relaciones con el Congreso de la República sin mensajeros enmermelados. Más posturas y menos imposturas, pareciera ser lo que busca el presidente cuando alguien quiere ser su aliado. La ley de financiamiento mostró que, con argumentos de todo tipo, lo que se aprobó se hizo luego de una cruda controversia y con los registros históricos de quienes están con el gobierno y quienes se oponen.

Los colombianos verán un presidente que en la tormenta no se descompuso. Fue leal con sus convicciones de respetar a los críticos y defender su plan de gobierno, sin alterarse o mostrarse envilecido o energúmeno por más duros que fueran los momentos. Con ese estilo veo los cambios en el gabinete. No será estrambótico ni acrobático con la llegada de nuevos refuerzos. Noto que algunos ministros muestran desgaste. Ojalá el presidente siga la recomendación de Jorge Eliécer Gaitán cuando le preguntaban por algún nombre ministerial y decía: “no importa quién sea el ministro, lo que importa de verdad es qué va a hacer el ministro”.

Por último, resalto el respiro que le dará a la democracia colombiana la llegada de nuevos mandatario locales. Esa mirada a las regiones y municipios de la nación va a ayudar a resolver, con una nueva perspectiva, los urgentes problemas que tenemos en Colombia. Es posible que algunas de esas figuras novedosas comiencen a utilizar su poder político y mediático con perspectivas más nacionales que específicas en su localidad. Afortunadamente está la calle para evidenciar a quienes pasen la raya y promuevan más sus ambiciones que sus obligaciones.

@pedroviverost

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