Por: Columnista invitado EE

Así sí se protesta

Por Sebastián F. Villamizar Santamaría

En un país tan clasista Colombia, que los ricos protesten con los pobres es algo inédito. ¿De cuándo acá alguien que tiene trabajo o no conoce el hambre marcha contra la desigualdad y el desempleo?

Precisamente porque eso antes no pasaba tanto, que ahora haya un movimiento que abarque a gente de distintos lados es impresionante. “Que tu privilegio no te nuble la empatía”, dice el eslogan que circula en pancartas y redes por igual. Más que un llamado a la acción a indecisos de clases medias y altas, esa frase es un llamado de atención a quienes critican a simpatizantes de la marcha por no estar lo suficientemente jodidos.

Quizá la muestra más grande de este cambio lo vio la Universidad del Rosario. En las grandes marchas estudiantiles de hace varios años, donde la MANE tuvo un papel protagónico, el Rosario hizo una fuerte campaña que decía cómo debía protestar “un rosarista de verdad”. En una foto había una persona en la calle con la cara cubierta; en la otra, unas personas muy sonrientes en una mesa con la frase “así lo hacen los rosaristas de verdad”. La penalización por protestar en la calle y no en las clases fue tan grande que la Rectoría efectivamente cerró el programa de Sociología por casi un semestre porque creía (sin ninguna prueba) que ahí estábamos los de la primera foto.

El miércoles pasado, esa misma universidad envió su consultorio jurídico para apoyar a manifestantes en las calles. Se sumó a la iniciativa de los Andes, que también lo hizo unos días antes. Además, la noche del viernes 22, estas y otras universidades privadas del centro abrieron sus puertas para que sus estudiantes pasaran la noche del toque de queda.

Esto es refrescante en un contexto donde las universidades públicas han sido históricamente las que han puesto la cara y los cuerpos en las marchas y por eso las han criticado (y peor). Que ahora se sumen las privadas, a pesar y a través de su privilegio, es una clara y directa lección de empatía a las administraciones anteriores.

Pero quedan dos preguntas por resolver. La primera es qué harán estas universidades para mantener esa empatía después de la marcha. Una opción es preguntarse la próxima vez que vayan a recibir recursos del Estado si ese dinero puede destinarse mejor a una institución pública.

La segunda es cómo pueden otras instituciones privadas solidarizarse con el paro. No es solo permitir que sus empleados trabajen desde la casa, sino también no tomar represalias contra quienes salgan a marchar, ni sugerirles participar en la llamada trabajatón.

Después de esta semana de paros y protestas, los ejemplos de estas universidades nos deberían hacer reflexionar sobre nuestra empatía con quienes marchan. La incomodidad por el trancón no puede ser la única razón para ignorar y rechazar todas las otras razones por las que paramos y por las que ya se han perdido vidas. Por eso es importante que quienes tienen trabajo también salgan a marchar.

@sebvillasanta

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2019-11-29T00:00:26-05:00

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