Por: Nicolás Rodríguez

Así son

También durante el posdesmadre de los años 50 las élites políticas utilizaron metáforas para aminorar la gravedad de la confrontación y darle un tono tibio a la lista de desplazamientos, masacres y demás delitos indecibles. De la bíblica idea de “los odios heredados” entre liberales y conservadores se pasó al genérico “la Violencia”, que se impuso.

Muchas víctimas se refirieron al periodo como si una fuerza oculta pudiese explicarlo. La Violencia me quitó la casa, la Violencia se llevó a mi familia… Esa naturalización, esa conversión de una serie específica de violencias en una fuerza oscura, cotidiana y familiar (la Violencia con mayúscula como actor histórico) ayudó a ocultar las responsabilidades individuales de más de un político sectario. Esto es algo sobre lo que historiadores y sociólogos han insistido. Estamos en los fundamentos del mismísimo pacto de perdón y olvido que da inicio al Frente Nacional.

La insistencia en despolitizar procesos sociales a través de eufemismos encubridores no es una iniciativa espontánea y se la puede rastrear en diferentes momentos de la historia colombiana. Más que una suerte de error o de gazapo o de imprudencia es una táctica utilizada con mayor o menor éxito por diferentes personas con poder. El último en incurrir en este tipo de lenguaje fue el ministro de Defensa, para quien la muerte de líderes sociales se debe a peleas de vecinos, faldas y rentas ilícitas.

No lo dijo con sentencias judiciales en mano, porque no las tiene. Y tampoco se le chispoteó. De hecho, lo retomó después en una entrevista. Por encima de los problemas con la restitución de tierras en zonas de posconflicto, para el ministro las faldas y los crímenes pasionales son una variable de mayor alcance y legitimidad. Como si hablara con paternalismo de unos seres despreciables: se matan entre ellos porque son bárbaros. En un país serio lo habrían expulsado. Acá no. Estamos, por el contrario, ante una estrategia de gobierno con una larga historia.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Nicolás Rodríguez

El glifosato de los técnicos

Por encima de la ley

Luto marimbero

El Estado aplazado

Solito