Asintomáticos: la pieza maestra

Noticias destacadas de Opinión

Las fiestas clandestinas, turbas disputándose televisores baratos, vendedores ambulantes como Pedro por su casa no son culpa del coronavirus. No. Este desfogue de hormonas, ansia consumidora y hastío contra el hambre son responsabilidad de la confusión y falta de inteligencia de quienes ordenan las medidas policivas.

La gente cree en la existencia del contagio. No se ha pasado al bando de los negacionistas de la pandemia ni está desinformada sobre la cantidad de infectados y muertos en Colombia, el mundo y sus alrededores, desde hace más de tres meses y hasta el día del juicio final.

Los colombianos no son bobos. Saben a qué palo trepan. No se han educado como quisieran, pero conservan intacta la malicia indígena. Lejos de ser témpanos como los anglosajones y asiáticos de las estepas, cultivan la pirueta fina para el picó y soplan con los dedos el acordeón. Son alegres, como una fiesta de pueblo.

Desde el 20 de marzo se acuartelaron y atrajeron elogios por cumplidores. El país languideció en convento. Operó el pánico a apestarse y a las caricias de la policía. Afuera, en el ascensor, el andén, el mercado, ambulaban seres con tapaboca que aparentemente estaban sanos. Pero ¡ojo! cualquiera era un potencial asesino, aunque no tosiera.

El aparato controlador había ingeniado su pieza maestra: los asintomáticos. Los más sanos e inocentes son en realidad portadores camuflados del virus. Ya está: magnífica trampa para separar a los amigos, lisiar los abrazos, coagular el beso. El coronavirus resultó, así, la tormenta perfecta. Más que al murciélago de Wuhan había que temerles a los asintomáticos.

Vamos a los hechos científicos. ¿Cuál es la frecuencia verdadera de los asintomáticos? ¿Cómo descubrirlos? ¿Por cuánto tiempo son contagiosos? ¿Niños y jóvenes son más responsables? ¿Deben recibir tratamiento cuando se descubren? Élmer Huerta, médico oncólogo peruano residente en Washington y graduado de salud pública en epidemiología de la Universidad Johns Hopkins, formuló las anteriores preguntas.

He aquí su respuesta del lunes pasado 22 de junio, en una columna diaria que sostiene en CNN en español titulada “Dosis de información sobre coronavirus”: “Lamentablemente, debido a que tenemos menos de seis meses de pandemia y no es fácil descubrirlos, no se ha publicado todavía ningún estudio que incluya a miles de pacientes asintomáticos cuidadosamente seguidos para responder a las preguntas planteadas anteriormente”.

Quince días atrás, María Van Kerkhove directora del Programa de Emergencias de la Organización Mundial de la Salud, había escandalizado declarando que es posible que la contribución de los asintomáticos al contagio “sea insignificante”. Ante el jaleo levantado, pronto aclaró que lo insignificante eran los estudios. La componenda la había recomendado poco antes la epidemióloga Anne Monroe, profesora de la Universidad George Washington: “que actúes como si todas las personas con quienes entras en contacto tienen el virus”.

Insignificancia y simulación: combinación maestra para el control. Pero acaeció que el criterio indio de los colombianos se olió el tocino.

arturoguerreror@gmail.com

Comparte en redes: