Por: Rafael Orduz

Asociación de Adictos Digitales

Como tantas otras tecnologías, las digitales son herramientas. Que su aplicación sea constructiva depende de para qué y cómo las utilicemos. Muchos podemos volvernos adictos y deteriorar nuestro tejido social inmediato, en casa o en el trabajo, por el uso improductivo que les damos:

1. Admitimos, los de la Asociación de Adictos Digitales (AAD), jóvenes y adultos, que somos incapaces de concentrarnos más de unos pocos minutos en los distintos quehaceres de la vida cotidiana, porque sentimos la inaplazable necesidad de mirar, sobre todo, WhatsApp, Twitter, Facebook y Messenger, sin que haya motivo. Generalmente, lo que buscamos son chismes, memes y banalidades que los miembros de las distintas redes a las que pertenecemos nos enviamos unos a otros. Nuestras vidas se han vuelto ingobernables: no podemos sostener una conversación o escuchar a los demás sin perder, rápidamente, el hilo.

2. Admitimos, aquellos que somos padres de familia, con el fin de evitar dedicarnos a sesiones de juego o lectura con los niños, involucrándonos con ellos con plena atención, o simplemente compartir el almuerzo o la cena con la familia, que hemos optado por entregarles tabletas y teléfonos inteligentes con el fin de que permanezcan ocupados. Los más pequeños aprenden, con rapidez, a detectar los sitios de su gusto, liberándonos de acompañarles. En cuanto a los que están en el colegio, ni idea si son víctimas de bullying o si lo practican, o si son vulnerables a prácticas de alto riesgo. Desentendiéndonos los padres, o quienes estén a cargo, podemos desplegar, sin problemas, nuestra propia adicción. No se nos ha pasado por la mente orientarlos, lo que requeriría, en primer lugar, que nosotros mismos nos informáramos.

3. Admitimos, aquellos que somos estudiantes adictos, bien de pregrado o posgrado, que de nada sirve que hagamos acuerdos con los y las profes de la universidad cuando vamos a iniciar un curso en el sentido de no acceder a los móviles (salvo en interés de la clase), porque no los cumplimos. Hemos considerado un derecho adquirido el uso de teléfonos inteligentes como queramos. Eso sí, dejamos constancia de lo aburridas que son las cátedras en las que el que todo lo sabe, el profe, habla, y los demás, los que no sabemos, escuchamos (supuestamente).

4. Admitimos que el remedio para evitar la adicción no consiste en la prohibición, ni en pelear con las tecnologías digitales. Al contrario, en comprender que se trata de poderosísimas herramientas para aprender, informarnos, entretenernos y, lo más importante, trabajar en forma colaborativa. Que su uso en casa tiene horas y límites. Que cuando estamos juntos en familia queda prohibido, para todos, el uso de celulares y tabletas. Que la mayoría de nosotros, sobre todo los padres, a pesar de usar las redes sociales, somos analfabetas digitales y que tenemos que superarlo: aprender a buscar la infomación, a procesarla de la mejor manera, a trabajar en equipo y poder ser interlocutores de nuestros hijos.

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2017-06-12T21:00:16-05:00

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