Por: Manuel Drezner

Ataques a la cultura

En diversas publicaciones se muestra que cuando hay problemas económicos, las artes y la cultura son las primeras en sufrir. Por ejemplo, en Turquía el presupuesto destinado a la ópera y el teatro se destinó a la construcción de una mezquita.

 En la culturalmente avanzada Alemania, las autoridades cancelaron un proyecto para construir una sala de conciertos en Múnich y eso ha ocasionado la renuncia de muchas personas vinculadas a las artes, entre ellas el director de una de las orquestas sinfónicas de la capital bávara. En Berlín se habla de la supresión de una de las tres casas de ópera que existen en esa ciudad, a pesar de que ellas son tradicionales y han mostrado ser parte de la vida de la ciudad, ya que todas las funciones tienen un porcentaje alto de público.

En Inglaterra, la comisión de fomento de las artes, que reparte los presupuestos destinados a la cultura, ha disminuido los de la gran Galería Nacional y su burocracia pone condiciones a otras entidades para continuar con los subsidios. La historia se repite en muchos países, como Holanda, donde importantes agrupaciones han tenido que suspender actividades, o en Italia, que ha amenazado con el cierre de varias instituciones culturales. No se hable de Argentina, cuyas orquestas y casas de ópera son ignoradas por el gobierno, o de Estados Unidos, donde continuamente se oye de orquestas y otras instituciones culturales que han cerrado o están a punto de cerrar.

Todo lo anterior son situaciones en que una tradición de muchos años e incluso de siglos está siendo amenazada porque los políticos y economistas, cuando se ven enfrentados a un problema económico, lo primero que piensan es que la cultura es superflua y en lugar de buscar economías en la eliminación de burocracia o el control de gastos, quitan a los ciudadanos su alimento espiritual. Este es un llamado de atención, ya que el viejo refrán que recuerda que “cuando la barba de tu vecino ves rapar, pon la tuya a remojar”, podría aplicarse igualmente a nuestros países. Con el problema adicional de que en muchos de los sitios mencionados hay cantidad de mecenas privados y ellos no abundan entre nosotros.

En todo caso, las situaciones descritas son lamentables y uno pensaría que hay quienes consideran que la cultura no tiene importancia y eso explicaría esos ataques que a la larga privarán a los ciudadanos de algo a lo que tienen tanto derecho como a un puente peatonal.

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