Por: Oscar Guardiola-Rivera

Aterrados

Estoy en la España de Machado: "Esa España inferior que ora y bosteza, / vieja y tahúr, zaragatera y triste; / esa España inferior que ora y embiste, / cuando se digna usar de la cabeza".

El poeta español se quejaba del empobrecimiento de su país tras haberse dejado defraudar “conmutando sus bienes en valores al acudir a las emisiones que el mercado de futuros de la historia le ofrecía”, dice Rafael Sánchez Ferlosio.

Ambos escritores rechazan así la especulación mercantil, que roba a los hombres de su futuro, les lleva a renunciar a la felicidad para buscar la mera satisfacción, y torna la historia en un campo de batalla. Para Sánchez, Machado supo denunciar el gigantesco estrago que ello significaba. Tal reflexión es relevante hoy.

Vayan a cualquier librería española y se encontrarán con un tsunami literario acerca de la fatalidad que recurre: la protesta del nonagenario Stéphane Hessel que ha dado su nombre al movimiento de los indignados; Reacciona, en el que José Luis Sampedro, Baltazar Garzón y Rosa Artal intentan encauzar la pesadumbre de un sector creciente de la sociedad española con la crisis económica, social y política que aquí se vive; o Insolventes!, un panfleto anónimo escrito con furia en contra de un sistema injusto, corrupto e implacable. Comienza así: “Si no puedo firmar esta carta, como algunos de vosotros me reprocharéis, es por una razón sencilla: he perdido mi nombre, junto con todo lo que era mi vida”.

De entre esta notable literatura destaco el Manifiesto de Economistas Aterrados, al que ya se han adherido más de 3.000 firmantes en España y Europa. Sus autores denuncian 10 falsas evidencias que sólo sirven para justificar “la actual sumisión de las políticas económicas a las exigencias de los mercados financieros”, al tiempo que proponen 22 medidas alternativas y concretas.

Aterrados, denuncian el que siga sin cuestionarse el poder de las finanzas: En Europa, al contrario, los Estados, bajo la presión de las instituciones internacionales y las agencias de calificación, aplican con renovados bríos unos programas de reformas y ajustes estructurales que ya demostraron en el pasado su capacidad de incrementar la inestabilidad y las desigualdades. Estas medidas agravarán más la crisis ”.

Es una profecía, como las de Machado y Sánchez, aplicable a las medidas anunciadas la semana pasada para intentar atajar la contaminación griega. Los españoles saben que siguen ellos, y se encomiendan al Altísimo para que el designio no se cumpla. Pero aun si la divinidad interviene, dichas medidas implican ya un sacrificio más, indignante y aterrador, cuyo objetivo es mantener el valor de las ganancias y de la historia. No se olvide que “valor” significa aquí, como observa Sánchez Ferlosio, un precio de sangre.

* Analista y profesor del Birkbeck College de la U. de Londres

 

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