Por: Claudia Morales

“Aterricen, esto no es Disneylandia”

Esa frase es de la encargada de manejar el programa “Es tiempo de volver” de Colciencias, Lucy Gabriela Delgado. La dijo el 16 de enero delante de varios profesionales que, apostando por Colombia, dejaron sus estudios y trabajos en otros países y se devolvieron a finales del año pasado, otros aún están a la espera, para encontrarse con un portazo de improvisación, insensibilidad e incumplimientos.

No son casos aislados, como lo ha dicho en las rondas de medios la directora de esa entidad, Yaneth Giha. Midamos por porcentaje: si son 140 los científicos seleccionados por el programa y yo tengo 32 casos verificados de personas que se han quejado, vendría siendo el 22,8% de ese total. Y por obvias razones yo no tengo acceso a toda la información de Colciencias. Expongo aquí tres ejemplos de lo que está pasando con los doctores que apostaron por las promesas del Gobierno y hoy están sin trabajo, sin sueldo, y muchos sin tener dónde vivir.

Diego Echeverri, bacteriólogo y magíster en ciencias básicas médicas de la Universidad del Valle, vinculado a la Universidad de Notre Dame en Estados Unidos, me contó que ha tenido que pedirle a su empleador en ese país que le extienda su permanencia porque, ante la incertidumbre y la situación de otros compañeros, prefiere esperar a ver si es mejor desistir de la idea de venir a Colombia. “Estoy invirtiendo (¿o mejor gastando?) mucho tiempo en correos y cartas a Colciencias para que hagan lo que es su obligación y debieron haber hecho hace muchos meses atrás. Como dijo un colega: ‘no pedimos ni más ni menos, sólo que se respeten y cumplan los términos de referencia de la convocatoria’”.

Rosario Castañeda, bióloga de la Universidad de los Andes, doctora en sistemática y evolución de la Universidad George Washington, con posdoctorado en Harvard, me escribió que no intentó extender su estancia allá pues estaba convencida de que la beca de Colciencias iba a funcionar. Llegó a Cali en diciembre pasado con la idea de empezar a trabajar en la Universidad del Valle desde enero de este 2015, pero a mediados de ese mes la contactaron de Colciencias (y también a los nueve doctores que van para esa universidad) para decirles que los contratos estarían listos en marzo o abril. “Si las demoras con Colciencias siguen más allá de marzo, renunciaré al programa”, dice Rosario.

Es tan absurda la situación actual de los doctores que le creyeron a esa entidad que hasta la pasante posdoctoral que iba a llegar a trabajar en Colciencias renunció a la oferta en vista de esta debacle. Ella se llama Liliana Herrera y su tarea era hacer una medición de todos los programas y un diagnóstico de éxito de las propuestas de financiamiento.

Que 140 colombianos con hojas de vida y de estudios impresionantes hayan decidido volver cuando otros quieren irse, con mucha razón, es admirable. Ese gesto, el de creer en el país, debió ser suficiente para que Colciencias cumpliera con los requisitos prometidos y les diera un trato respetuoso y digno. Y no fue así.

Ñapa: Los desencantos en este oficio del periodismo, que no son pocos, se manejan mejor cuando nos encontramos con colegas como Ana Cristina Restrepo, columnista de El Colombiano y El Espectador. Fue valiente su defensa de la libertad de expresión desde las páginas del diario antioqueño frente al acto de censura contra otro columnista. Entre tanto mafioso de la información que se escuda en mentiras y aprovecha el miedo que los rodea, es un alivio ver que hay en nuestro medio personas decentes y pulcras.

 

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