Por: Mauricio Botero Caicedo

Atisbos alimentarios

EN TÉRMINOS GENERALES EXISTE una regla de oro en cuanto a los precios de los productos básicos: la única cura para los altos precios son los altos precios; y a la inversa, la única cura para los bajos precios son los bajos precios.

En el caso concreto de los alimentos, los precios alcanzaron sus niveles más altos a mediados del año pasado y la sabiduría convencional explicaría que para estas fechas —a la luz de la crisis financiera generalizada en los países más desarrollados— dichos precios deberían haber bajado acercándose a sus promedios históricos. Sin embargo, esto no ha ocurrido: los precios de la inmensa mayoría de los alimentos que se transan en los mercados internacionales han bajado ligeramente, pero se mantienen en niveles entre un 30% a un 50% por encima de los promedios de la última década.

Este fenómeno ha puesto a pensar a los analistas en que el aumento de los precios de los alimentos en los últimos tres años no obedece a un fenómeno coyuntural, sino a uno estructural. Es decir, no se trata de un fenómeno transitorio debido a la especulación, a sequías o inundaciones y/o a desbalances transitorios entre la oferta y la demanda, sino un cambio estructural en la demanda, ya que la oferta alimentaria a nivel global, por el contrario, ha aumentado levemente.

A primera vista se mencionan tres factores principales como responsables del aumento sostenido de los precios de los alimentos: el primero es el cambio estructural en los patrones de consumo de los países emergentes, principalmente de China y de India; el segundo es la producción de biocombustibles a partir de alimentos como el maíz, la colza y la soya; y el tercero son las medidas que han tomado los gobiernos para imponer nuevamente barreras proteccionistas o para desincentivar la exportación de comida como lo ha hecho el gobierno de Argentina y en menor grado aquel de India.

Para quien escribe esta nota, el primer factor (el cambio estructural en los patrones de consumo) es el principal responsable del aumento en los precios de la comida. En el caso concreto de China, el consumo de leche y productos lácteos se ha multiplicado por un factor de siete; el de aceite de oliva, por seis; y el aceites vegetales por dos. Los chinos están comiendo un 60% más pollo, un 30% más carne bovina y un 25% más trigo. En otros productos agrícolas los aumentos han sido sorprendentes, como el incremento del 400% en el consumo de vino. Sin embargo, los chinos siguen con un considerable rezago en relación con países como Australia. (El consumo per cápita de carne y de leche de los chinos es sólo la tercera parte del país austral).

Para expertos como el italiano Carlo Caiani, la explicación principal del aumento en los precios de los alimentos radica en la mayor demanda de proteína de origen animal y vegetal por parte de los países emergentes. Para Caiani, una vez el consumidor se acostumbra a comer más proteína, es muy difícil que modifique su dieta y pronostica que el consumo de proteína a nivel global va a aumentar a tasas del 5% anual, cifra considerablemente superior al crecimiento de la población.

Los otros dos factores, en opinión de este columnista, tienen mucho menor peso. Por una parte, la inmensa mayoría de los nuevos proyectos de biocombustibles basados en el maíz, colza y soya han sido aplazados y muy posiblemente no salgan a luz. La presión de tierras para siembra de estos productos ha disminuido notoriamente. Adicionalmente, las medidas que desincentivan la exportación de alimentos por parte de Argentina e India no contribuyen a que haya mayor oferta o a que los precios bajen, pero tampoco son un factor determinante en el panorama alimentario mundial.

 

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