¡Atrevámonos ya!

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A todo aquel colombiano que tenga el valor civil de ser libre y autónomo para ejercer el derecho de pensar, lo convido a decidirse colectivamente a obrar; a construir pensamiento con autonomía y libre albedrío y ponerlo al servicio de la nación colombiana.

A transformar el país, el colectivo, la sociedad, de la cual hoy son el todo unos pocos; algo unos pocos más; casi algo muchos más; menos que nada cientos de miles; nada millones; absolutamente nada millones al por mayor.

A todos, incluidos los todos que son pocos, a hacer “saltar” en mil ideas renovadoras el sistema; a materializar nuestro Estado social de derecho, las instituciones, el modelo económico, la política, en función de todos, de manera prioritaria en función de aquellos que apenas si tienen una idea de ese legalizado poder de poderes cuando demandan un registro civil, la cédula de ciudadanía o votan.

A transformar y mejorar el sistema, antes que el crecimiento exponencial de aquellos que siguen en la deprimida escala de los un poco más, de los casi algo, de los casi nada, de los nada, y de los absolutamente nada, exacerbados de padecer la aberrante condición que hoy ya se les volvió insoportable decidan, en vez de saltar en mil ideas transformadoras el sistema, volarlo con la metralla y el fuego del caos, la anarquía y la violencia incluyente.

No es un embeleco esa necesidad imperativa, es la historia, nuestra historia local vivida en tiempo real, la que nos convoca a esa siembra de nuestra sociedad con ideas renovadoras para cosechar abundante, en todo tiempo y estación, cuanto hoy escasea en Colombia.

Si a los mayores no nos alcanza el tiempo, que sí nos va alcanzar, para verlas germinar, crecer y dar frutos, en la vanguardia estarán nuestros hijos y nietos prestos para concluir una siembra y recolección abundantes, permanente y munífica para todos.

Nuestra nación no puede seguir inmóvil. Al albur de las pestes y pandemias que, cada tanto y en menor tiempo y mayor cantidad y letalidad, recorren incontrolables o se anuncian al mundo por todos sus costados.

Con lo vivido y padecido por décadas, con lo aprendido y repetido; con lo visto en otros, llegó nuestro tiempo para todos; el tiempo de la historia es inminente y nos impone el deber ser de hacer prevalecer los derechos superiores de todos los colombianos; de luchar por construir un país menos desigual; de combatir la discriminación y la exclusión; de fomentar en convivencia y en paz la diversidad y el pluralismo ideológico, político y social.

Nuestro país, nuestras ciudades, departamentos, municipios, veredas y pueblos, están tomados por la peste del despojo; rendidos a los ejércitos blindados en impunidad de la corrupción; sometidos en servidumbre a la desigualdad y la violencia.

Todo es despojo, vergonzante dejar hacer, dejar pasar; reproducir y multiplicar formas, métodos y operadores para que el despojo sea total: de cuerpos y de almas, de ojos y oídos para no ver ni oír; de pies, manos y bocas, para no levantarnos contra los despojadores de cuanto nos pertenece a todos.

Alterar el estado de inmovilidad, la quietud perturbadora de la exclusión, la discriminación y la desigualdad afrentosas que imponen a nuestra sociedad los que cooptaron el Estado, sus instituciones, rentas, presupuestos y gobierno, es el imperativo, el ¡ya!, por el cual clama nuestra nación.

La alerta roja para asegurar el futuro que, en estos tiempos que vivimos, no viene a ser nada distinto del presente inmediato que, libre de las precariedades de hoy, anhelamos y merecemos convivir todos los colombianos.

* Poeta.

@CristoGarciaTap

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