Por: Juan Carlos Botero

Austeridad, inversión y despilfarro

Por suerte, el discurso económico mundial está cambiando, pero lentamente. Estamos pasando de la urgencia de forzar la austeridad a cualquier precio, a mantener la inversión estatal para reducir el desempleo, reparar la infraestructura nacional y mantener la buena marcha de la economía.

Críticos como Paul Krugman, más la funesta experiencia europea, han debilitado la tesis de la austeridad impuesta a la fuerza, y las marchas de protesta en países como Grecia y España han dejado en claro el malestar de quienes han sufrido el recorte de sueldos y la evaporación del empleo.

Sin embargo, el creciente fracaso de las políticas de austeridad no se opone a un hecho igual de cierto: estos países endeudados hasta las narices tienen que poner en orden sus finanzas, porque por culpa de políticos corruptos e irresponsables, y entidades de control débiles y permeables, los casos de despilfarro presupuestal, durante la última década, son cosa de leyenda.

Grecia, por ejemplo. El país carece de ingresos, y no sólo por lo poco que produce sino porque la evasión fiscal es endémica. En el año 2010, 542 de las personas más ricas del país declararon ingresos de 1.000 euros al año. En el elegante barrio de Kifissia, en Atenas, 300 familias admitieron tener una piscina privada, indicativa de altos ingresos; pero un sobrevuelo a la zona reveló la existencia de más de 20.000. Además, muchos trabajadores se pensionan a los 50 años. Y mientras que un jubilado alemán recibe el 41% de su último sueldo, el promedio griego es el 96%. Por último, se han hecho megaproyectos costosísimos e inútiles. Más de la mitad de los edificios construidos para las Olimpiadas de 2004 están en desuso y en ruinas, incluyendo un gigantesco estadio de béisbol (en un país que no practica el deporte), otro inmenso de voleibol, y varias piscinas olímpicas que hoy están llenas de ranas.

Por su lado, España, con su tasa de desempleo superior al 27%, es otro ejemplo de despilfarro colosal. Sus proyectos enormes y fútiles incluyen líneas del AVE innecesarias; el teleférico de Zaragoza, construido para la Expo 2008, capaz de llevar 2.600 personas cada hora, movió unas 60 personas al día y está cerrado desde 2011; el Hospital Universitario en Oviedo, que costó 1.300 millones de euros y tiene 250 camas menos que el hospital que sustituyó; el aeropuerto de Badajoz, que se remodeló a un precio excesivo y hoy está abandonado; el lujoso aeropuerto de Huesca, con un promedio de siete viajeros al día, y el Centro Cultural de Alcorcón que costó más que el Guggenheim de Bilbao, para una población de apenas 170.000 habitantes.

En suma, la política de austeridad impuesta al pueblo es una injusticia, una crueldad y un atropello que es, además, inútil, porque no ha producido los resultados de crecimiento económico tantas veces prometidos y nunca aparecidos. Pero la otra cara de la moneda también es triste y clara: esos Estados tampoco pueden seguir en manos de políticos corruptos, gastando en proyectos inanes y millonarios, porque no hay cartera que lo resista. La peor infamia es que al final, como siempre, quien paga los platos rotos de la corruptela y del despilfarro estatal es la ciudadanía, que luego sufre hambre, desalojos y mayor número de suicidios. Como dicen en España, esto cabrea a cualquiera.

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2013-05-09T23:00:00-05:00

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Austeridad, inversión y despilfarro

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