Por: Iván Mejía Álvarez

Autocrítica

Con la eliminación de Independiente Santa Fe a manos de Libertad, se consumó la peor participación de los equipos colombianos en eventos internacionales de la Conmebol. Nunca antes los cuadros nacionales fueron cayendo desde la primera fase, el repechaje de calificación a la ronda de grupos de la Libertadores y hoy solo queda uno en liza, el Júnior, que deberá eliminar en el Metropolitano a Cerro Porteño de Paraguay.

Es necesario replantearse algunos aspectos porque, de ser protagonistas y campeones en los diferentes torneos, Libertadores con Nacional y Santa Fe en la Suramericana, a solo tener un representante en la segunda competición, a la espera de que logre en casa el paso a la siguiente ronda, media una gran distancia.

Cuando Nacional y Santa Fe ganaron sus torneos se llegó a decir que el fútbol colombiano era el segundo del mundo, amparado en esos resultados que fueron circunstanciales y no mostraban una tendencia global. ¿Se perdió en un solo año todo lo que se había hecho o realmente no había tal bonanza y los triunfos fueron episodios aislados?

El fracaso absoluto de Nacional, que no fue capaz de pasar en la primera ronda para defender su título continental, movió los cimientos. Con Rueda en el banco técnico y con su nómina completa, el equipo paisa tuvo una pésima presentación. Y así, uno a uno, los han ido eliminando a todos los colombianos.

Así como el balompié nacional no era tan bueno como algunos llegaron a pregonarlo, en especial la dirigencia que sacó pecho y se infló con la bonanza, tampoco es justo decir ahora que es muy malo, así los resultados pudieran llevar a creerlo y cuando ya ninguno de los dirigentes pide pista para ensalzar este fracaso.

¿Han hecho los dirigentes de la Dimayor y de los clubes una revisión de lo que se hace mal o sólo se preocupan por buscar más dinero para seguir trayendo troncos del extranjero y dilapidar el dinero que les llega a la mayoría en grandes cantidades por patrocinios, ventas de jugadores, televisión? Si algo merece en este momento el ridículo del fútbol colombiano en los torneos internacionales, es una buena dosis de crítica constructiva, interna, porque es evidente que algo se está haciendo mal y es necesario meterle mano al producto antes de que se acabe la fe que dejaron los episódicos triunfos.

La obsesión por el fútbol negocio, vender jugadores al extranjero así estén todavía bichecitos y sin la formación requerida, ha hecho que los procesos se pierdan. No hay una renovación al mismo ritmo que la producción. Sería bueno que en lugar de pensar tanto en plata pensaran un poquito, no mucho porque se les atrofia el cerebro, en fútbol.

 

 

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