Por: Mario Fernando Prado
Sirirí

¡Avianca otra vez!

De nuevo Avianca la embarró. De nada sirvió una melosa campaña publicitaria apelando al amor y a los corazoncitos, creyendo que con esa estrategia se iban a echar al bolsillo a sus viajeros, pero tacaron burro.

Otra vez pagan el pato de sus problemas e improvisaciones quienes están obligados a utilizar sus servicios, debido al monopolio que ejerce la aerolínea, con un ya sospechoso amacice con las entidades encargadas de vigilar y controlar las operaciones aéreas en este país.

Primero fue lo de los pilotos, situación en la que no quedó claro quién tenía la razón con el ya célebre Tongo-le-dio-a-Borondongo y la mencionada andanada publicitaria que “emparedonó” a quienes terminaron siendo los malos del paseo y, por tal razón, despedidos y empapelados.

El impasse fue medianamente superado y muy a la colombiana, “échale tierrita y tápalo”, aunque persisten serias dudas en torno al personal que, sin la debida experiencia, se está atreviendo a pilotear esas aeronaves por los cielos y la escabrosa geografía de nuestro país.

A pesar de que ello significó un reajuste en los vuelos, cancelación de muchas rutas e imposición de itinerarios absurdos, eliminando además los trayectos directos, todo esto fue soportado por unos inermes usuarios, que no tuvieron de otra que tragarse semejantes sapos.

Sin embargo, y cuando todavía no se había calmado la tempestad, vuelven y juegan los abusos de la que ya no es la línea aérea de los colombianos, sino una empresa multinacional que gracias al monopolio que ostenta, repito, hace lo que le da la gana.

Y la explicación, que quieren hacer parecer como una nueva justificación, no convence a quienes pagan los tiquetes por adelantado con unos recargos y sobreprecios groseramente abusivos.

Que hay fallas en el software para convocar a las tripulaciones a trabajar (pilotos, copilotos y auxiliares) es la disculpa, bastante baladí por cierto, que aducen las directivas avianqueñas pensando que les van a creer...

Mamola, como decía Gaitán (a propósito, ¿sabrán sus mandamases quién diablos fue Gaitán?).

 

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