Por: Lorenzo Madrigal

Avión reparado

UN EXTRAÑO CHÁVEZ LLEGÓ ESTE sábado a Cartagena. Agripado, algo malhumorado.

Destacándose mucho, cómo no, si además vistió de oscuro entre palomos y palomas blancas. Por el luto de su “bolivariano” Gaitán no era, pues a la arrugada chaqueta de un azul profundo le combinó una camiseta roja. La sangre del caudillo, pues. La Gran Colombia le agradece que no haya llegado enfundado en el tricolor nacional.

Al preguntarle un periodista por el avión, contestó enfadado : “el avión está ahí. ¡Qué pregunta es ésa!”. Como quien dice que no fue nada lo del avión, el de tantas demoras y excusas y repuestos que no llegaban a Cochabamba. Que a las tres de la tarde llegaría, le transmitieron ese sábado a la dulce canciller de Colombia; que ya no puede venir; que todo quedó cancelado, le comunicaron finalmente; se supo que viajó a su país al anochecer, sin percances.

Ahora le tocó venir agripado. Ojalá se reponga. Una excusa más era inadmisible y nadie se la creería. A la Heroica llegó también alguien que no estaba en lista: el presidente de Honduras, don Porfirio Lobo. En tono consecuente nos preguntamos: ¿y Zelaya?, Zelaya, se supo luego, andaba por Caracas en conversaciones con Maduro, aunque Maduro apareció en la noche en Cartagena.

Si la reincorporación de Honduras a la OEA ocurre bajo estos presagios, será de abonársele al presidente Santos otro milagro diplomático semejante al de su mejor-nueva-amistad con el dictador venezolano. Vaya escalera flor en la mano de un jugador de póquer. Y va por los ases.

De Estados Unidos venía el presidente Santos, de hablar con su “homólogo”, el presidente Obama, y de conseguir, mediante promesas de mejoramiento laboral y protección a sindicalistas, que al menos se inicie el proceso del TLC en el Congreso norteamericano.

En buen inglés, al parecer mejor que el de Hawai, Santos habrá conseguido lo que ya parecía definitivamente enredado. Y algo bueno para el trabajador colombiano llegaría a ser la eliminación de las cooperativas de trabajo asociado, creadas como solución de empleo, pero con ventajas solamente para las empresas y pérdida de prestaciones y estabilidad para los trabajadores.

Sigue el viajero diplomático a Europa. Son España y Alemania sus metas comerciales y, pienso, no dejará de volver a Londres, siempre Londres, donde además acampa su cuñado, el embajador Rodríguez, que, dicho sea de paso, estaba allí desde antes de su ascensión al trono.

Los observadores miran al presidente, no lo lisonjean y, más bien, están a la caza de sus errores. Para los que no comulgaban con Uribe, Santos sigue representando un gran alivio. Todavía no ha demostrado el axioma, según el cual, cada presidente puede ser peor que el anterior.

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