Avisos preelectorales

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A dos años del 2022, estas semanas están avisando que la mezcla entre periodismo y política, entre verdades, mentiras y medios nuevos de comunicación, va a ser explosiva en la próxima elección. Se agita una nueva etapa de la radicalización en la que a los bandos opuestos no les basta con martillarse entre sí, y desde ambos lados se ensañan, con nuevas plataformas de información y desinformación, también contra los que no han tomado partido en su tediosa polarización.

Como si no tomar partido en la disputa de si Uribe es un genocida o Petro es un guerrillero castrochavista fuera no tomar partido. Como si ese fuera el partido en Colombia. Como si solo hubiera dos versiones, únicas, incontestables y obligatorias, no solo en la política, sino también en el periodismo. Como si no enfilarse, además de una equivocación antipatriota, fuera también una muestra de falta de carácter y de servilismo al supuesto enemigo, que se castiga con señalamientos falsos, insultos y hostigamiento virtual.

Mirando atrás, incluso así estamos mejor que antes. La intimidación en redes y la mezcla de verdades y mentiras desde portales de internet parecen un avance a la violencia política que antes hacía “parapresencia” en el Congreso, que tenía tentáculos gruesos en agencias estatales y obligaba al exilio a críticos de la lucha armada y del abuso de poder estatal.

Para ilustrarlo, pasamos del enfrentamiento entre Uribe y Coronell al de Duque y Guillén; de la parapolítica y las chuzadas del DAS, a la ñeñepolítica y las carpetas de perfilamiento. Se ha diluido la calidad de los contrincantes y la importancia de lo que está en juego para la democracia, así quienes se disputan busquen mantener el grado de intensidad con la multiplicación de adjetivos mezclados con sus denuncias mutuas y las turbas virtuales que las acompañan.

No deja de ser envidiable la seguridad con la que estos cruzados se arropan. En medio de sus paranoias hay una certidumbre acerca de lo que está mal y lo que está bien que debe ser reconfortante. Algún sosiego habrá en tener tan claro que todas las soluciones para los males del país pasan por la destrucción mutua. Definitivamente parece ser una fuente de motivación efectiva.

Desde las tribunas del periodismo activista, en especial de Gonzalo Guillén, han salido las denuncias políticas más impactantes sobre este Gobierno. Las grabaciones del Ñeñe engavetadas en la Fiscalía revelaron movidas de plata “por debajo de la mesa” en la campaña del hoy presidente Duque, además de nuevos lazos del uribismo con un mundo oscuro asociado a la criminalidad y el narcotráfico. También desenterraron el secreto de décadas de la vicepresidenta, que olvidó mencionar en sucesivas elecciones que tiene un hermano condenado por narcotráfico, mientras daba cátedra de transparencia y moralidad.

Pero decir esas verdades, verdades que nadie había dicho, verdades importantes que merecen aplauso y reconocimiento, no crea un blindaje contra las críticas, el examen y los cuestionamientos, especialmente los periodísticos. Como si la crítica de medios solo se pudiera hacer para denunciar la corporativización de las grandes casas periodísticas.

Pero diga usted que Gonzalo Guillén es un activista que ha invitado reiteradamente a votar por Petro (como lo ha hecho), que ha asumido el antiuribismo como propósito vital (como lo ha dicho) y que nadie sabe de dónde saca plata (porque nunca lo ha explicado), y se convierte uno en financiado por Sergio Fajardo, o en un engranaje en el aparato criminal del Matarife. Puede que Guillén diga grandes verdades, pero también es un mentiroso.

Dejar de callar esto, como lo callan sus amigos periodistas en Bogotá y en Miami, parece ser lo que implica ahora no estar alineado. Decirlo de Guillén hoy, después de haber aplaudido sus denuncias ayer, a pesar de lo que luego implica, parece ser un costo necesario para rescatar la complejidad en la política, los matices entre los actores del poder y, en general, el sano escepticismo de que todo esto tiene una solución mágica que pasa porque los que no están de acuerdo con uno desaparezcan.

@danielpacheco

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