Por: Rafael Orduz

Ay, con la droga… y Trump

Muchos andan mortificados con los señalamientos de Trump acerca de la forma como Colombia, supuestamente, está inundando de cocaína a los Estados Unidos.

¿Cómo es posible —dicen algunos— que el Gobierno colombiano caiga en desgracia, si está haciendo la tarea tal como la prescriben las autoridades antinarcóticos de EE. UU.?

Hemos llegado, frente a toda evidencia de organizaciones de la salud y de fallos judiciales, a endiosar, de nuevo, el uso del glifosato, simplemente por petición de los EE.UU. Las autoridades colombianas, al más alto nivel, se han vuelto expertas en las bondades del herbicida.

Los procesos de erradicación manual pasan a toda velocidad a segundo plano para, “ahora sí”, hacer las cosas al derecho.

Los analistas y los políticos, particularmente los antisantistas, señalan al Gobierno anterior de haberse echado con las petacas y haber perdido el rumbo del bien.

Se pierden de vista varios hechos, que vale la pena recordar.

Primero, que el señor Trump está en campaña para su reelección. Carece de motricidad fina para distinguir, en el concierto de los proveedores del clorhidrato, quiénes son sus aliados. Echa todo en el mismo saco: México, Colombia, Guatemala, Honduras. De modo que aunque Duque le parezca un buen muchacho, Colombia aparecerá en el repertorio de su xenofobia, al lado de su muro y los violadores mexicanos.

Segundo: cualquier revisión acerca del consumo de drogas en los Estados Unidos, teniendo en cuenta que el grueso del daño producido por las drogas se relaciona allá con los opioides y los opiáceos, muestra que la demanda de cocaína se ha mantenido y ha crecido. Al consumidor, en cualquier centro urbano, le es indiferente si la droga proviene de pasta de coca boliviana, peruana o colombiana y qué tanto se distribuyen los carteles colombianos, centroamericanos y mexicanos la torta de su comercio exterior de cocaína, el más rentable eslabón en la cadena maldita.

Por otra parte, sería interesante examinar cuánto billete, incluyendo el Plan Colombia, le ha invertido el contribuyente norteamericano a la lucha contra las drogas en 30 años, para concluir que la demanda va en aumento.

Tercero: es triste decirlo, pero que a pocos kilómetros de Tumaco haya decenas de miles de hectáreas de cultivos de coca sólo puede ocurrir con la participación y el visto bueno de autoridades de la fuerza pública y otras ramas. Ambuilas no sólo hay en el mundo del contrabando .

Es triste, por tanto, que los analistas y políticos criollos se desgañiten desacreditándose unos a otros a ver quién hace mejor la tarea. El Gobierno actual lo creyó y vea, pues, la ingratitud.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Rafael Orduz

Adolescentes sicarios

Vargas y Fergusson: la construcción de Estado

Trump: ¿presidente o padrino?

Tan fácil hablar de guerra

Eln: lamentable, delirante