Por: Cristo García Tapia

¡Ay, Sucre!, tanta luz y ciegos

Sito en la parte central de la región Caribe, norte de Colombia, entre el río Cauca y el mar Caribe, Sucre, aunque es el departamento de Colombia en el que brilla más el sol, presenta un cuadro de pobreza y de atrasos por encima de la media nacional que contrasta con su luminosidad y fulgor.

Igual que calcinante es el contraste que se observa entre su precario desempeño económico y social y el potencial de sus abundantes factores de producción, tierras, ganados, recursos hídricos, energéticos, capital humano, hoy limitados en su productividad, uso, transformación y generación de demanda, empleo y riqueza, imprescindibles para coadyuvar de manera efectiva y expedita a reducir las agudas disparidades de orden social y humano que sitian e inmovilizan su tránsito por vías más promisorias.

A la vez que las de crecimiento y desarrollo económico integral, a partir de la implementación de un modelo económico modernizante que, teniendo como base los factores de producción que históricamente han sido la base sobre la cual ha subsistido el actual, sea capaz de embocarlo por las dinámicas de la transformación, innovación y productividad, que imponen las circunstancias insoslayables de nuevos factores de producción, la ciencia, la tecnología, la innovación, las economías alternativas derivadas de estas, las demandas y el consumo global en constante aumento.

Si queremos ser productivos, rentables y sostenibles en el tiempo como ganaderos y propietarios de tierras, por poner el ejemplo que retrata nuestro tradicional e inercial modelo agropecuario, las vacas y la tierra deben agregar valor a su inmutable producción de hace doscientos años: el ternero y la leche cruda unos, y la tierra para pastos y agricultura los otros, pero ambos desentendidos del valor agregado y la utilidad que derivarían si, en vez de mandar los novillos en camiones a Medellín y Barranquilla y la leche en carrotanques a Barranquilla y Cartagena, desarrollaran la cadena productiva industrial de la carne y la leche en Sucre.

Y si de la tierra, factor básico de producción en Sucre se trata, es imperativo la diversificación cualificada y complementada con la tecnología, capital e innovación, de su uso y destino para el emprendimiento agrícola con valor agregado que se traduzca en la generación de mayor productividad, empleo y mercados, tanto nacionales como globales, al igual que cadenas productivas agroindustriales que tengan incidencias en sectores como el pecuario en general, acuicultura, pesca y avicultura.

En tanto el área dedicada a la ganadería alcanza las 600 mil hectáreas, aproximadamente, solo el 10% del total de la superficie apta disponible para usos agrícolas, 62 mil hectáreas, aproximadamente, se destina a cultivos, arroz, maíz, yuca, plátano, banano común, frutas, hortalizas, verduras, legumbres y plantas medicinales y condimentarias, caña panelera, entre los de mayor producción y peso en la economía sucreña, conforme el último Censo Nacional Agropecuario y cifras, a 2014, del DANE.

En cuanto al recurso agua para uso agrícola, pecuario y humano permanente, que garantice la viabilidad, implementación y sostenibilidad de un nuevo modelo económico y de desarrollo para Sucre, sí es factible y de inmediata implementación, pues en nuestro territorio abunda y el que no, es de fácil obtención con nuestros vecinos Bolívar y Córdoba, al igual que el de la provisión de los recursos financieros necesarios para tal emprendimiento, mediante la articulación de APPs, el apoyo del Gobierno nacional y la participación de inversionistas locales y extranjeros.

Solo que para ese mediano emprendimiento es determinante el concurso y gestión del gobierno regional y los locales, gobernador y alcaldes de los 26 municipios beneficiarios, a los cuales parece no sonarles, nunca les ha sonado, el tema.

En época distinta, quiero decir, de la temporada eleccionaria de uno y otros, en la cual, como hace 4, 8, 12, 16 años, los volvemos a oír llover dos meses y a cantaros el agua para hacer brotar en los campos de Sucre abundante y permanente producción agrícola y pecuaria, calmar la sed de sus pueblos y de su capital Sincelejo, e inundarlos de desarrollo humano y social y crecimiento económico integral, que luego se evapora en las nieblas de la incompetencia, esa sí integral, de los postores en las pujas de octubre.

@CristoGarciaTap

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2019-08-29T00:00:00-05:00

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2019-08-29T00:21:50-05:00

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