¿“Baby boom” del coronavirus?

Mucho se ha hablado de un “baby boom” durante las cuarentenas provocadas por el coronavirus. El término nos hace pensar que esto es una buena noticia, algo así como “el triunfo de la vida sobre la pandemia”, y lo que la gente suele imaginar es que las parejas, aburridas por el confinamiento, se van a dedicar a coger hasta que las mujeres queden embarazadas. Pero nada está más lejos de la realidad. Lo más probable es que las maternidades deseadas y elegidas vayan a la baja: son tiempos de estrés e incertidumbre laboral y económica; tomar la decisión de quedar embarazadas cuando ni siquiera sabemos qué va a pasar con el mundo en los próximos meses será para muchas mujeres algo muy parecido a un salto al vacío. Las restricciones de movilidad también complican los controles prenatales y cada salida a un chequeo se convierte en una oportunidad de contagio para las mujeres embarazadas que están dentro de las poblaciónes más vulnerables.

Lamentablemente, lo que sí va a aumentar es la maternidad forzada, en mujeres, adolescentes y niñas. Naciones Unidas estima que alrededor del mundo unos siete millones de mujeres y niñas tendrán embarazos no deseados durante los próximos meses como efecto colateral del confinamiento provocado por la pandemia. Si las medidas se extienden a seis meses, lo más probable es que el número ascienda a los 47 millones. Estas cifras son producto de estimaciones basadas en cuarentenas previas, como la del ébola que afectó de forma desproporcionada al continente africano. La principal causal de estas maternidades forzadas es un palpable aumento de la violencia de género, particularmente la violencia sexual. En el imaginario popular, los embarazos adolescentes ocurren entre parejas de jóvenes que no tienen información o acceso a anticonceptivos y terminan siendo llevados por “las pasiones del primer amor”. Pero la gran mayoría de los embarazos adolescentes y la totalidad de los embarazos en niñas son producto de violaciones sistemáticas usualmente perpetradas por un hombre cercano o del círculo familiar: padres, padrastros, abuelos, tíos, hermanos y primos. Los mismos hombres con quienes niñas y mujeres se encuentran encerradas por las cuarentenas.

 

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