Por: Daniel Pacheco

Bad Colombia!

Dice el presidente Trump que “Duque es realmente un buen tipo”, pero “no ha hecho nada por nosotros”. No se sabe qué es peor, si el elogio flojo o el regaño traicionero. De Trump, en cambio, sabemos que es un mal tipo, pero acá a nadie se le ocurre preguntarse qué ha hecho por nosotros.

Ser el mayor aliado de Estados Unidos en el continente se ha convertido en un lugar común vacío y poco examinado de la columna vertebral de las relaciones exteriores de Colombia. Sobre todo, porque cada vez parece que Colombia es el mejor aliado de un país que lo considera un socio de tercera categoría.

Además del amague de descertificación, van dos visitas a Colombia del presidente Trump canceladas. La primera visita se canceló en abril del 2018, cuando Trump se quedó en Washington y tampoco fue a la Cumbre de las Américas en Lima, luego de un ataque con armas químicas en Siria. La segunda visita frustrada iba a ser parte del viaje de Trump a la reunión del G-20 en Argentina, en noviembre del año pasado, pero se canceló por motivos menos urgentes: según la Casa Blanca, un problema de “agenda”.

Si en las formas nuestro principal aliado no ha sido especialmente agraciado, ¿qué tal en la sustancia? Vamos a la plata. La última vez que la administración Trump hizo un requerimiento de ayuda para Colombia en el Congreso, la reducción en el monto solicitado fue del 35 %. La “relación especial” no sirvió para que Colombia fuera excluida de la doctrina proteccionista de Trump. ¿Será que los que sí se salvaron —Israel, Arabia Saudita, Egipto— tienen una relación “superespecial”?

Pero ni siquiera la llegada de 1,2 millones de migrantes venezolanos a Colombia ha ablandado el bolsillo de Washington. Mientras que en Colombia el gobierno Duque aprueba flexibilizar la regla fiscal para endeudarse por cerca de mil millones de dólares en el 2019 para hacer frente a la crisis, la contribución de Estados Unidos a toda la región, hasta ahora, ha sido de 56 millones de dólares.

La cooperación judicial funciona de una manera similar. Mientras Colombia es el país del mundo que más personas ha extraditado a Estados Unidos, ni siquiera logra que los propios colombianos que pagan condenas allá sean todos devueltos. En Miami sigue el Tuso Sierra, por ejemplo, disfrutando de su libertad mientras acá en Colombia está pendiente su comparecencia a la justicia. Y justo cuando el Estado colombiano necesita de una “relación especial” con la justicia de ese país, en el caso de la JEP por ejemplo, se desata la ira del embajador gringo y la intromisión de la DEA.

Más allá de la asimetría natural de la relación con el país más poderoso del mundo, lo que sucede últimamente con Estados Unidos subraya los peligros de la dependencia colombiana de un solo socio estratégico. No se trata nada más de orgullo patrio. A pesar del maltrato, Colombia no parece tener demasiadas opciones. Y esto es peligroso, justo cuando el fenómeno de Trump luce cada vez menos como una excepción pasajera de cuatro años y el declive de Washington como actor global es innegable. Si hoy somos el socio de tercera, el perrito regañado, de un hegemonía en decadencia, qué seremos mañana.

@danielpacheco 

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2019-04-02T01:00:56-05:00

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