Por: José Salgar

Bahías de propiedad privada

Una vez más se anuncia la reglamentación del uso de las bahías para estacionamiento de vehículos, que existen por miles a lo largo y ancho de las calles bogotanas. Es imposible que haya normas generales eficaces para arreglar semejante desorden, mientras no haya una educación de los mismos usuarios. Un hábito arraigado es el de que cada poseedor de un negocio o vivienda considera que todo lo que está a su inmediato alrededor es de su absoluta propiedad privada.

Hasta hace poco era imposible talar un árbol peligroso por lo viejo, porque toda la cuadra se alzaba en gritos y amenazas contra el funcionario abusivo que quitara la rama y el pajarito que toda la vida habían acompañado al señor o a la señora de enfrente. Las pocas calles que existen amplias y sin árboles y raíces que amenacen a los vecinos, se deben a las oportunas denuncias atendidas por el Dama y aceptadas por quienes podrían considerarse perjudicados.

Con las bahías ha ocurrido lo mismo. Ningún negociante acepta que le impidan descargar a cualquier hora su mercancía en la bahía situada frente a su puerta. Todo residente habitual sigue considerando que se viola su derecho a posesión si no puede estacionar donde quiera y como pueda. A eso se agrega el pago a vigilantes privados y el comercio informal que se apropia de una porción de una calle y la defiende a la fuerza. ¿Quien ha visto que se retire por las buenas al vendedor en una esquina de minutos para celular o de cigarrillos al detal?

Así como tardó años aceptarse que el Transmilenio era el mejor equivalente del metro y un ejemplo mundial de buen transporte masivo, llegará el momento de imponer normas internacionales sobre bahías en las vías públicas y sobre las diferentes clases de estacionamientos. Es absurdo que nunca hayan funcionado en Bogotá los parquímetros probados en todas partes. En mínimo espacio el aparatito cobra lo justo por ocupar el lugar autorizado, por determinado tiempo.

En lugar de nuevas reglamentaciones ocasionales sobre las bahías, debe pensarse en soluciones a fondo para los trancones y el exceso de vehículos, especialmente taxis amarillos, y frenar las ocupaciones privadas de las calles, ya sea por propietarios caprichosos o por la debilidad de autoridades descoordinadas.

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COLETILLA.- Hay mucho por limpiar en todas las calles y bahías bogotanas.

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