Por: José Roberto Acosta

Baja calificación

Italia y España, los afectados.

Esta semana tanto Italia como España sufrieron una rebaja en sus calificaciones crediticias, al tiempo que la crisis griega bajó su temperatura, pues hasta noviembre parece estar garantizado el tema de recursos de corto plazo al país helénico, que de todas maneras deberá recibir condonación de parte de su deuda y que si no se concreta aún, es porque los bancos que serían damnificados de ese default técnico requieren ser capitalizados antes, para no entrar en bancarrota cuando sus contabilidades reflejen esa pérdida real.

Lo que no se sabe es de dónde los dueños de los vulnerables bancos europeos van a sacar ese dinero. Ya el Banco Central Europeo les extendió los plazos a varias líneas de crédito que tiene otorgadas desde el inicio de la crisis, pero, en últimas, es patear el problema en el tiempo esperando un milagro. Mientras tanto, en la semana se recuperó en algo el precio de materias primas, favoreciendo la recuperación de monedas emergentes, como el real brasilero y el peso colombiano, que nuevamente se valorizaron, pero dejando una sensación de incertidumbre que tenderá a tornarse preocupante si una solución definitiva en la Eurozona no llega pronto.

La demora en la toma de decisiones se debe a la amplitud democrática entre los países de la Unión Europea, confirmando que eso de que la democracia y el libre mercado son un buen matrimonio es muy relativo. Por ejemplo, el llamado “milagro chileno” se dio en medio de la dictadura de Pinochet y el actual “milagro chino” se da en medio de un régimen totalitario que se da el gusto de controlar estrictamente su tipo de cambio o el crecimiento demográfico.

Las bajas de calificación crediticia continuarán, metiéndole ruido y miedo a unos mercados sensibles a cualquier mala noticia. Las decisiones se seguirán demorando y con ello el espacio para la volatilidad de los mercados está abierto, para que la estrategia de inversión que se imponga siga siendo el corto plazo y productos poco sofisticados, inclusive no más allá de carteras colectivas de activos financieros de corto plazo, pues la oferta de carteras colectivas de factoring u otros activos ya han demostrado ser vehículos de cuantiosas pérdidas, sin que sus administradores respondan por nada, cínicamente.

 

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