Bajan con Trump

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El ascenso de Trump facilitó la proliferación de personajes semejantes en todo el mundo. Una “internacional” del populismo se regó por todas partes y ahora constituye una amenaza para la democracia. Las similitudes entre Boris Johnson, Viktor Orbán, Recep Tayyip Erdogan, Rodrigo Duterte, Narendra Modi y el magnate gringo son evidentes. Comparten un estilo autoritario, desprecian a los expertos y tecnócratas y, casi sin excepción, niegan el cambio climático; se oponen a la globalización, son proteccionistas y nacionalistas contrarios al multilateralismo; buscan una conexión directa con el “pueblo”, atizan sus temores y resentimientos, y desprecian las instituciones que los limitan; odian la crítica y combaten a los medios de comunicación independientes.

América Latina no se quedó atrás. Los dos países más grandes de la región aportaron sus pintorescos presidentes al trumpismo internacional. Jair Bolsonaro, desde su campaña presidencial, mantuvo una estridente postura populista de derecha, y, en su cargo, ha exhibido desconcertantes actitudes y desplantes. Por su parte, Andrés Manuel López Obrador, posando como el líder mesiánico de la izquierda, pretende ser el promotor de una histórica Cuarta Transformación de su país, al tiempo que también mantiene notables coincidencias y una relación de subordinación con el millonario de la Casa Blanca.

Los parecidos entre Bolsonaro y AMLO son sorprendentes. Ambos son conservadores y, por ello, mantienen distancias y silencios frente a temas como la legalización del aborto y el matrimonio homosexual. Al igual que Trump, los dos, en el manejo de la pandemia, se han opuesto a las cuarentenas y restricciones. Numerosos observadores señalan que ambos son o pretenden ser cristianos evangélicos, cercanos a los líderes pentecostales (en esto también semejantes a Trump), a veces portan medallas e imágenes sagradas, y hablan de milagros y otras maravillas salvíficas.

Bolsonaro y AMLO, solos, al lado de Vladimir Putin, se han rehusado a reconocer a Biden y parecen golpeados y afectados por la derrota de Trump.

La gran lección de lo sucedido en Estados Unidos es que hay salida después del trumpismo. Existe la esperanza de que, con la derrota del líder, pueda frenarse la expansión del populismo y se enfrenten colectivamente los graves problemas globales. Entre tantas correcciones, el mundo confía en que Estados Unidos vuelva al Acuerdo de París y a otros foros multilaterales y lidere, junto con los demás países, la lucha contra el cambio climático.

El caso de Colombia es otro. Aunque es evidente que el talante y las ideas del mandatario colombiano son diferentes a los de los populistas, es innegable que en algunos temas han existido afinidades notables entre las políticas y prioridades recientes de los gobiernos de Colombia y Estados Unidos, algunas de ellas contrarias a las que propugnan los líderes del Partido Demócrata. Con la llegada de Biden al poder, seguramente volverán a plantearse algunas de las políticas en las que hubo coincidencias entre los dos países en los tiempos de Barack Obama, de las cuales fue partícipe y promotor el propio Biden. Por lo tanto, inevitablemente, en las próximas semanas Colombia tendrá que acomodarse rápidamente a las nuevas realidades, realizar correcciones y buscar lo que más le conviene al país en estas circunstancias.

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