Por: Dolly Montoya

Bajemos la paz de los escritorios a los territorios

La violencia nos ha arrebatado cientos de posibilidades para lograr un país mejor, ha liquidado los sueños de miles de jóvenes, ha amedrentado y golpeado a nuestros campesinos, ha frenado nuestro desarrollo científico, cultural y humano. Por ello nos urge, sin titubeos, dejar la violencia en el pasado para construir la paz y concentrar nuestros esfuerzos en resolver los diversos problemas que acosan a nuestro país, a lo largo y ancho del territorio nacional. Para dejar atrás esa espiral de violencia se requiere que la paz comience por nosotros mismos, con nuestros actos cotidianos, y al mismo tiempo es necesario fomentar ambientes de respeto e innovación, que nos sirvan para formar ciudadanos integrales, que se respeten a sí mismos, respeten a los otros y al medio ambiente en espacios creativos y de responsabilidad.

Bajemos la paz de los escritorios a los territorios. Quiero compartir con ustedes una experiencia en la que participó la Universidad Nacional y que representa muy bien lo que digo. Hace algunos años, investigadores del Instituto de Biotecnología (IBUN) participaron en una alianza con entidades estatales de nivel regional y algunas comunidades de la región Caribe para acompañar el proceso de producción de ñame de pobladores que querían mejorar sus productos y, al mismo tiempo, lograr mejores condiciones de vida. En un comienzo, los agricultores tenían desconfianza por experiencias previas en las cuales técnicos de otras instituciones no habían reconocido sus conocimientos tradicionales a la hora de sugerir nuevos procesos, por lo que habían desistido de ese acompañamiento. En este nuevo proceso, los investigadores del IBUN no sólo tuvieron en cuenta sus saberes, sino que además, trabajando hombro a hombro, lograron identificar otras necesidades de la comunidad y las posibles soluciones con el acompañamiento de la cooperación internacional, el Gobierno Nacional y el local. El trabajo fue tan fecundo durante 15 años que pasaron de ser 5.000 familias organizadas a 35.000, además de pasar de producir 28.322 a 365.395 toneladas de ñame al año, consolidando tres empresas de base tecnológica. Es decir, como resultado de esta apuesta se obtuvo una comunidad organizada, empoderada del conocimiento tecnológico, sostenible desde todos los puntos de vista y con un robusto tejido social.

Aunque es muy importante reflexionar sobre nuestra situación como nación, discutir sobre nuestras posibilidades para alcanzar una paz estable y duradera, estoy convencida de que la verdadera paz solo se logra cuando nuestros esfuerzos y el conocimiento que producimos sean parte efectiva de la calidad de vida de las comunidades que han carecido y siguen careciendo de oportunidades para su desarrollo autónomo y soberano.

La Universidad Nacional cuenta con las herramientas, la perspectiva ética y el andamiaje académico para formular estos caminos. La vocación de su proyecto cultural de nación de la Universidad Nacional es dinamizar y hacer realidad los espacios para la construcción de una Colombia justa, equitativa, motor de diálogo y deliberación. Debemos promover el perdón y la reconciliación mediante la formulación de nuevos caminos de paz con posturas de reconocimiento y respeto por el otro, abriendo nuevos espacios ciudadanos dentro de marcos de justicia y equidad. En los últimos años, la Universidad Nacional ha hecho una incursión más profunda en la construcción de la paz, trabajando con comunidades de todo el país.

En la actualidad son 3.048 los profesores de la Universidad y 913 los grupos de investigación, junto con estrategias como el Programa Especial de Admisión y Movilidad Académica (Peama) y PAES, con los cuales, desde su vocación, puede Colombia contar para consolidar la paz.

Como punta de lanza, la Universidad cuenta con 14 centros de pensamiento, de los cuales cinco tienen como nicho, mediante su labor académica, contribuir a la paz y formar nuevas ciudadanías. Entre ellos se encuentra el Centro de Pensamiento y Seguimiento a los Diálogos de Paz, que en cabeza del profesor Alejo Vargas tuvo una labor importante durante las negociaciones de paz con las Farc, organizando junto con las Naciones Unidas foros claves para escuchar los reclamos de las víctimas, participando en la realización del censo de los miembros de las Farc y contribuyendo con análisis fundamentales para la comprensión de las dinámicas del conflicto. Entre las herramientas de la Universidad también se destacan los centros de pensamiento de las Artes, el Patrimonio Cultural y el Acuerdo Social, en Comunicación y Ciudadanía, en Desarrollo Rural, y el Centro Nicanor Restrepo Santamaría para la Reconstrucción Civil, entre otros. Además, la Universidad lidera la red de cooperación académica del Instituto Colombo-Alemán para la Paz (Capaz), sin contar los cientos de cursos de educación continuada que día a día se imparten en la institución sobre temas relacionados y los cerca de 200 proyectos de extensión solidaria que impactan positivamente en el bienestar y el desarrollo de las comunidades en nuestros territorios. Esta gran variedad de aportes y esfuerzos desde la Universidad será articulada y potencializada para que con absoluta seguridad llegue a las comunidades mediante la “Red de cultura, ciencia, tecnología e innovación para la paz de la Universidad Nacional de Colombia”.

Debo resaltar que, así como nuestra comunidad académica ha sido orientadora en el estudio del conflicto que ha azotado al país, desde los primeros intentos científicos por abordar este fenómeno con el libro La violencia en Colombia, de los profesores del Departamento de Sociología Fals Borda y Umaña Luna, junto a monseñor Guzmán Campos, nuestros profesores siempre han sido pioneros en la búsqueda de la paz. Nuestra Universidad, como proyecto cultural, siempre velará, a través de sus nueve sedes, por el cuidado y el desarrollo educativo de toda la nación. Nunca debemos olvidar que somos agentes de cambio ético con sentido social.

La nación, con una comunidad académica consciente de las transformaciones y retos que precisa la sociedad actual, puede enfrentar los desafíos universitarios, ciudadanos, la paz y la convivencia y, por supuesto, los medioambientales de gran impacto, como la conservación de sus recursos, el calentamiento global, entre muchos otros.

Sueño con un país que encabece las listas de naciones que más aportan al conocimiento para la prevención y cura de enfermedades, en el aseguramiento alimentario de las poblaciones, en una cultura de paz y convivencia a través del arte, las ciencias y las humanidades, un país donde a partir del conocimiento y la fortaleza de su educación se permita que los colombianos podamos ejercer nuestras capacidades para vivir en comunidad, con prosperidad y bienestar.

*Rectora, Universidad Nacional de Colombia.

 @DollyMontoyaUN ‏

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