Por: Tatiana Acevedo Guerrero

“Balada de amor al viento”

La historia de Sarnau, una joven de provincia, transcurre a orillitas del río Save que atraviesa el sur de Mozambique. Fue narrada en 1993 por la escritora Paulina Chiziane y se convirtió en la primera novela publicada por una mujer en ese país. En su vida Sarnau se enamora tres veces y los tres amores acaban en miedo. El primero comienza cuando se casa con un señor influyente del pueblo. Pese a que sus mayores le aconsejan perdonar la infidelidad del marido, ella no resiste las ganas de indignarse cuando los ve juntos. Esto a él le incomoda y la reprende frente a su otra mujer, para atizar la competencia entre ambas. “Me arrojó una violenta patada en el trasero que me dejó estrellada en el suelo”, describe sin eufemismos la protagonista. “Minutos después volví a mi posición inicial. Me envió una cachetada despiadada que hizo volar un diente. Mi rival asistió a todo”.

El segundo es un enamoramiento doble. Ya casada con el marido que no llega a dormir, pero está siempre listo para golpearla, Sarnau se hace a un amante. Sin embargo, confiesa, los quiere a ambos. La culpa la hace arrepentirse a cada hora. “¿Consciencia, no conoces mi dilema?”, se pregunta, “¿todavía me llamas adúltera? Las adúlteras buscan el placer y yo busco la vida”. Cuando el marido se da cuenta, estalla en rabia y promete asesinarla. Aprovechando la borrachera con aguardiente para el desengaño que lo hace dormir, Sarnau huye para nunca volver al pueblo.

El tercer enamoramiento lo vivió tras la fuga, pues se apasionó cada día más por su amante. Este, cuando las cosas se ponen difíciles y ella queda en embarazo, decide marcharse. “Mi rabia desata truenos”, narra entonces Sarnau. “Relámpagos dorados rasgan mi cielo y mi cerebro, y la lluvia en mis ojos se precipita, desatando el diluvio de mi ser”. Para que no se vaya, dejándola sola con todos los problemas, ella en un arrebato desesperado se le cuelga de la espalda para retenerlo. Él la detiene con un golpe seco en la nuca y la deja tirada sobre el pavimento. Al recobrar la conciencia camina un buen rato sin tener sosiego. Se encomienda a todos los dioses, las vírgenes y santos católicos, los espíritus africanos. “Sembré el amor en un peñasco”, cuenta, “y en lugar de maíz, coseché sólo espinas”. Pese a que Sarnau en Mozambique busca amparo entre familiares y líderes políticos, acaba siempre sola frente a los ataques.

La autora tituló la historia como Balada de amor al viento, quizá porque a toda la antesala de expectativas sobre alegrías venideras le sigue sólo vacío. Las ilusiones femeninas de lealtades futuras quedan desperdiciadas, sin ser recíprocas. Quedan desparramadas en el viento.

La historia de Norma Andrea, de 23 años, comenzó con un noviazgo en Tuluá. Tras diez años juntos y otros tantos separados, dos hijos y varias denuncias por agresiones físicas y verbales interpuestas en comisarías de la ciudad, en la semana que se acaba Jhon Mona encontró el sitio en que se refugiaba y la asesinó. La historia de Paula, también de 23 años, madre de una niña de seis, comenzó con noviazgo y matrimonio y acabó el pasado lunes en cercanías de los farallones que detienen al río Cauca, en Cali. El esposo la asesinó en la casa de la familia en el barrio República de Israel. Los allegados dijeron a la prensa que solía celarla obsesivamente y que el día de los hechos estaba borracho.

Todas son baladas porque empezaron con un enamoramiento. Todas fueron a parar al viento. Todas son historias en que mujeres muy jóvenes se pierden en la defensa de una institución que es la familia. En palabras de Paulina Chiziane, el hogar es el molino y la mujer, la harina de maíz: “Como el maíz serás amasada, triturada, torturada, para hacer la felicidad de la familia. Como el maíz, soporta todo”.

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