Por: Julio César Londoño

Balas o libros

El anuncio del recorte de tres billones al presupuesto 2019 de educación cayó muy mal. Nadie entiende cómo se afecta así a un sector que arrastra un déficit enorme, ni que Mindefensa reciba exactamente tres billones más, ni que todo esto suceda después del entierro de las Farc, cuando todos esperábamos que el dinero de la guerra se invirtiera en proyectos de desarrollo.

Cayó muy mal pero no fue una sorpresa. El pacifismo y la cultura nunca han sido banderas de la extrema derecha ni de la extrema izquierda. Este Gobierno tiene un embajador que quema libros, otro que aconseja aplicarles descargas eléctricas a los estudiantes y un caudillo que delira con las orgías de la guerra.

Aunque Uribe no ha inventado nada (el desprecio a la educación y el amor por las soluciones de fuerza son dos constantes de la historia nacional), tiene mucho que ver con las maniobras en la asignación de los presupuestos: necesita recomponer sus relaciones con las FF. AA. porque su sueño es ser dictador eterno de Colombia. En el fondo, Uribe envidia a Ortega y a Maduro.

Esas relaciones vienen muy mal por varias causas.

Durante seis años, el Centro Democrático criticó el apoyo de las FF. AA. a las negociaciones de La Habana. Luego, Uribe ha intentado por todos los medios torpedear la JEP, una actitud que irrita a los 2.000 militares que se están beneficiando de las gabelas que ofrece este tribunal. María Fernanda Cabal complicó el cuadro cuando abrió su bocaza para afirmar que la cúpula militar está conformada por una partida de inútiles y que deben ser relevados.

A Uribe lo pone nervioso la JEP porque teme que los militares cuenten allí cosillas de los falsos positivos, el capítulo más infame de nuestra infame historia, y de la revolución paramilitar que nos refundó el país. Es por esto que propone la creación de una sala especial en la JEP para los militares, y con magistrados de bolsillo, no con los magistrados independientes que la conforman y que tanto le molestan.

Es claro, pues, que la discusión del presupuesto nacional pasa por la seguridad personal de Álvaro Uribe, que ahora costará billones, no miles de millones, como en el modesto pasado.

Los coqueteos del Centro Democrático hacia las FF. AA. empezaron temprano, el 7 de agosto, cuando las diferentes armas del Ejército estuvieron representadas arriba del centro de la tarima principal y Duque les dedicó párrafos muy elogiosos. Luego les nombró un ministro tropero, Guillermo Botero, y ahora el Gobierno les refrenda sus afectos con oro contante y sonante.

Nota justa: el Centro Democrático no introdujo los elogios, ni el oro, ni los ascensos. Tampoco es un invento suyo que el gasto militar sea el menos auditado de los rubros de la nación. Todo esto forma parte de las venias palaciegas que garantizan la tradición civilista y democrática de nuestras FF. AA.

Nota final: fue muy bello ver el miércoles a los estudiantes de las universidades públicas y privadas marchando de la mano en defensa de la educación, y el apoyo que está recibiendo el movimiento por parte de todos los gremios y estamentos del país. Consciente de la gravedad de la circunstancia, la sociedad responde como un todo y defiende el sistema de educación público-privado, un híbrido que debemos fortalecer y perfeccionar.

Lo feo, lo inadmisible, es que se pongan en riesgo el futuro de la universidad pública y los sueños de millones de jóvenes colombianos para cuidarle la espalda a un señor que tiene más pasado que futuro.

Tarde o temprano, la administración Duque debe tomar una decisión: o se consagra a regir los destinos del país, o se convierte en un vasto esquema de seguridad de Uribe.

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2018-10-13T00:00:56-05:00

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2018-10-13T00:15:01-05:00

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