Por: Alberto Carrasquilla

Baldado de Realismo

A mediados deJunio el DANE hizo públicos los resultados de la encuesta nacional de ingresos y gastos (ENIG) herramienta que aplicó en 24 ciudades entre octubre de 2006 y septiembre de 2007.

Esta medición, vital para conocer la realidad diaria de los hogares, no se había podido efectuar desde 1994 y hay que confesar, con verguenza, que los colombianos no teníamos suficientes elementos de juicio para responder razonablemente preguntas fundamentales para el diseño y el debate de la política pública.

Algunos ejemplos: sin saber a ciencia cierta que cosas compra y consume un hogar, no podemos medir la inflación relevante. No tenemos los elementos de juicio necesarios para saber sobre quien, y de que manera, incide la política tributaria en Colombia. Y asi sucesivamente.

Los datos aportados por la encuesta son, pues, enormemente relevantes en el debate de diversas dimensiones de la política pública. Dos preguntas me parecen especialmente urgentes de abordar. La primera: ¿que dicen los datos de la encuesta sobre la pobreza en Colombia?. Segundo: ¿como difieren estos resultados respecto de los tde la encuesta de hogares? ¿Por que?

Para empezar, creo que las mediciones sobre incidencia de la pobreza en Colombia son exagerados y creo que estas exageraciones han sido nocivos al empeño central de derrotarla. Si la definimos con laxitud, nos sometemos a que las ocurrencias más idiotas sean esgrimidas como “lucha contra pobreza”.

Como lo muestran los trabajos de M. Selowsky en los años setenta, C. E Vélez en los noventa y uno estupendode F.J Lasso en 2006, los colombianos llevamos años despilfarrando dinero de la llamada política social subsidiando a quienes no lo necesitan, en desmedro de quienes lo necesitan desesperadamente.

Este despilfarro está ampliamente demostrado y tiene dos posibles explicaciones. La primera, que asuntos como las pensiones de la minoría con acceso a una mesada y la educación superior de nuestra clase media baten ampliamente a la pobreza en el ranking de lo que de verdad nos importa y por lo cual votamos. Por eso la política social subsidia a tanto pudiente, y le aporta tan poco al verdaderamente pobre. 

La segunda explicación es que nunca nos hemos puesto a pensar en serio el tema, en parte por falta de información. Creo que los resultados de la encuesta de ingresos y gastos nos pueden ayudar mucho en la tarea de informar y enriquecer el debate de la política social en Colombia.

Si ordenamos en diez grupos los hogares de Colombia, del mas pobre al mas rico, la encuesta encuentra que el ingreso promedio de los hogares ubicados en el grupo mas pobre es de $44 mil mensuales; el del segundo es $197 mil, y asi. Total, el 20% mas pobre de los hogares de Colombia recibe solo el 2.8% del ingreso. Estos resultados son tan deprimentes, como  semejantes a los que se derivan de la encuesta tradicional de hogares, y hasta ahi no hay sorpresas.

La sorpresa viene cuando a esos mismos hogares se les averigua el gasto. Resulta que el 10% mas pobre, el mismo grupo social que reporta ingresos promedio de $44 mil, cuantifica su flujo de gasto mensual (anotando en una libreta los ítems específicos) en un cifra casi 10 veces más alta: $471 mil. De otra parte, el 20% de hogares más pobre gasta el 13.4% del total que gastamos todos los hogares del país.

Estas cifras sugieren que hay razones fuertes para pensar que la incidencia de la pobreza, asi como la desigualdad, pueden ser sustancialmente inferiores a lo que se ha estimado con base en las encuestas tradicionales de hogares. Puesto en otros términos, que hay muchos hogares que no son pobres, que no pagan impuestos y que, al contrario, están recibiendo subsidios de diversa índole con plata que deberíamos estar dedicando a mejorar el bienestar de la población que de verdad es pobre.

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