Por: Nicolás Uribe Rueda

Bañarse sin jabón

HACE CASI UN AÑO, FUI INVITADO a una cumbre de jóvenes en Madrid, con el objeto de compartir con políticos, comunicadores y empresarios latinoamericanos la situación por la que atravesaba el continente.

Dentro del grupo de invitados sobresalía Yoani Sánchez, la famosa bloggera cubana a quien finalmente no tuvimos la oportunidad de conocer porque las restricciones que a la libertad establece la dictadura no la dejaron salir de la isla.

Meses más tarde, cuando divagaba en internet encontré a Yoani, y más por curiosidad que por cualquier otro motivo, decidí suscribirme a su cuenta de Twitter y recibir diariamente sus anotaciones.

Desde entonces, me he convertido en un seguidor asiduo de sus publicaciones cibernéticas. En primer lugar porque es increíble el esfuerzo que realiza para poder comunicarse y dar al mundo pinceladas sin censura del verdadero cuadro que describe la Cuba de nuestros días. La restricción a la libertad de expresión de la que es víctima, la obliga a twittear implementando toda clase de malabares tecnológicos que en ausencia de internet, logran poner en la red sus comentarios, sus denuncias sobre la represión que se vive, y los videos y las fotos que prueban las arbitrariedades oficiales. Para ella, eso no es nuevo, pues si en el pasado le ha tocado comer picadillo de carne sin carne y bañarse sin jabón, como ella misma dice, ahora no le debe resultar extraño tener que idear la manera de hacer funcionar internet sin tener conexión a internet. Yoani no puede interactuar en la red como cualquiera de nosotros. Sólo envía mensajes y solicita respuesta a través de otros medios tecnológicos para confirmar que su tarea ha sido exitosa. Promueve el uso furtivo de la tecnología en favor de la libertad, lleva mensajes a los familiares de las víctimas de la persecución política y alerta a sus amigos cuando ve que los acosa la policía revolucionaria. El tamaño de la libertad de expresión de Yoani se mide en kilobytes, y se manifiesta a través de SMS, MMS y twetts. Su felicidad se expande o contrae cuando gana o pierde acceso al ciberespacio, por donde busca solidarios anónimos que se comprometen con ella a difundir sus reveladores contenidos.

Pero no sólo por ser interesante es que he seguido a Yoani. Su lucha debe inspirarnos a denunciar las barbaridades de la dictadura cubana, que gracias a la tecnología y al valor de esta mujer están hoy al alcance inmediato de todos los que estén dispuestos a ver y entender lo que allá sucede. Yoani no tiene reparos ni conoce trabas para lograr su cometido: no duda en disfrazarse, entrar a un hotel y pagar una hora de internet para postear sus blogs o enviar sus fotos, gastando en ello la tercera parte del sueldo mensual de un cubano promedio. Arriesga su vida cada día para que conozcamos la verdad, pero sobre todo, supongo yo, porque guarda la esperanza de que actuemos sobre esta amarga realidad que le impide aún hoy a millones de cubanos vivir en libertad. Sé que somos muchos los que no la defraudaremos.

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