Por: Yesid Reyes Alvarado

Bandas criminales

EMPIEZAN A ESCUCHARSE VOCES que proponen crear un nuevo delito que sancione el hecho de formar parte de una banda criminal.

Se busca así enfrentar el fenómeno creciente de pandillas dedicadas a la comisión de los más diversos crímenes en algunos sectores del país. Como suele ser difícil demostrar que sus integrantes han delinquido, se quiere sancionar la simple pertenencia a un grupo que se proponga desarrollar actividades ilícitas, aun cuando estas últimas jamás lleguen a realizarse.

En Colombia existe desde hace tiempo la figura del concierto para delinquir, que permite imponer penas de hasta 18 años de prisión a quienes se concierten para cometer delitos, con absoluta independencia de si logran ejecutarlos, y hasta 27 años a quienes financien, promuevan, dirijan o encabecen esas asociaciones. Como la pretensión del legislador no es la de sancionar a quienes ocasionalmente se reúnen para infringir la ley penal, sino castigar organizaciones dedicadas al crimen, sólo hay concierto para delinquir cuando dos o más personas se reúnen con el fin de cometer un número plural e indefinido de delitos. Expresado en forma simple, lo que se reprime es la creación de una empresa cuyo objeto social es el crimen.

Aun cuando no hay una definición clara de lo que es una banda criminal, la idea que se tiene de ellas es justamente la de un grupo de personas que se organizan para desarrollar en el futuro un número plural e indeterminado de ilícitos, lo cual excluye la posibilidad de utilizar ese calificativo en aquellos casos en los que varios sujetos deciden cometer de manera conjunta un crimen previamente determinado.

Como es difícil imaginar un caso en el que no sea posible condenar a los miembros de una pandilla como autores de un concierto para delinquir, ya que todos quienes a ella pertenecen lo hacen con el propósito de infringir de manera indeterminada la ley penal, se afirma que la demostración de este último ilícito es muy difícil, y que esas dificultades probatorias son las que justifican la creación de un delito autónomo.

Lo cierto es que el concierto para delinquir nació para tratar de superar los inconvenientes que suelen tenerse para demostrar los ilícitos cometidos por los integrantes de esas organizaciones, anticipando la intervención del derecho penal al sancionar a quien aún no ha violado la ley, pero se ha organizado con la intención de hacerlo en el futuro. Lo que se propone ahora es crear un delito que sea más fácil de probar que la simple asociación con la finalidad de cometer ilícitos, es decir, anticipar aún más la intervención del derecho penal. ¿Qué se sancionará entonces? ¿La simple reunión de personas de quienes se sospeche que pueden llegar a delinquir en un futuro? Ese fue el origen de prisiones como la creada por Estados Unidos en Guantánamo.

Si bien las normas penales están concebidas para ser aplicadas a los delincuentes, su creación y funcionamiento deben ser lo suficientemente cuidadosos para impedir que con ellas se puedan lesionar garantías fundamentales de los ciudadanos en general, como la presunción de inocencia y el derecho a no ser sancionados por la simple intención de infringir la ley.

 

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