Por: Carlos Granés

Banksy y el gesto populista

Banksy, Banksy… lo consiguió otra vez. Logró que todo el mundo volviera a hablar de sus cuadros, y que la prensa mundial celebrara eufórica su última jugarreta. Lo vimos casi en directo: en medio de una subasta en la que multimillonarios se disputaban piezas exorbitantes a punta de fajos, una de sus imágenes, Niña con globo, la más mala de todas y quizás por ello la favorita de los ingleses, se deslizó de su marco y cayó en las fauces de una trituradora. Justo después de ser vendido por más de un millón de dólares, medio cuadro quedaba convertido en una cortina de abalorios.

Oh, dijeron algunos, un gesto dadaísta; arte que se autodestruye para criticar la servidumbre del arte al dinero.

No, replicaron otros, marketing, un simple desplante que confirma la capacidad del mercado para sacar rédito, multiplicando su valor, de cualquier gesto de rebeldía.

¿Cuál pudo ser el propósito de Banksy? Quizás sí quería hacer una crítica al influjo que tiene el dinero en el mundo del arte. La cultura se ha convertido en una mercancía y el arte, en una mercancía de lujo; eso produce rabia, impotencia y perplejidad dentro y fuera del mundo del arte. Pero a estas alturas ya deberíamos saber lo que ocurre: todos esos trucos terminan potenciando lo que denuncian. De haber querido criticar el mercado del arte, más fácil habría sido no participar en la subasta. O haber destruido realmente su cuadro, porque lo que tenemos ahora no es un Banksy listo para tirar a la basura, sino un Banksy intervenido, mucho más interesante que la niñita kitsch con su globo en forma de corazón alejándose. Recordemos el incendio del Museo Nacional de Brasil. Eso sí fue una verdadera destrucción ante la cual nadie reaccionó con un falso pasmo, sino con verdadera pena.

Lo de Banksy fue otra cosa. Solo la puntica, destruyo pero no destruyo. Su coincidencia en el tiempo me hizo recordar otro gesto similar, ocurrido hace exactamente un año: la gesta de Carles Puigdemont en el Parlamento catalán, proclamando la independencia de Cataluña durante ocho segundos para luego suspenderla indefinidamente. O lo ocurrido con el brexit, que sí pero no, que se van pero se quedan. Si algún mérito tiene Banksy es replicar los gestos de su tiempo en el campo del arte. Populismo. Populismo artístico a la europea. Mírenme siendo rebelde y no siéndolo al mismo tiempo. Mírenme saboteando el sistema mientras me convierto en su columna vertebral. Mírenme liberando al arte del dinero y revaluando mi propia obra. Mírenme criticando el mundo del arte y dándole publicidad a las casas de subasta. Mírenme burlándome de los multimillonarios y convirtiéndome en uno de ellos. Mírenme, mírenme, mírenme… Sobre todo eso, mírenme.

Porque en un mundo en el que todos nos hemos convertido en productores de contenidos culturales, desde perfiles en las redes sociales hasta videos, opiniones o memes, todos hemos empezado a competir por la atención de los demás. Incluso los grandes nombres tienen que buscar estrategias de marketing para seguir siendo populares. El resultado es el fin de la pureza. Banksy puede que haya querido liberar al arte de todos los males que lo corrompían, pero no ha hecho más que perpetuarlos.

Como cualquier político populista.

817454

2018-10-12T05:03:20-05:00

column

2018-10-12T05:03:20-05:00

[email protected]

none

Banksy y el gesto populista

27

3413

3440

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Carlos Granés

La locura en torno a Greta Thunberg

La poesía nazi en América