Por: Iván Mejía Álvarez

A barajar de nuevo

En el fracaso de Nacional han hablado todos, menos el que toma la decisión final, el dueño del aviso, Antonio José Ardila. No es común ni se ha visto muchas veces que un absoluto y rotundo fracaso de un proyecto deportivo tenga tal cantidad de comparecencias a favor. La presencia del grupo de jugadores, de una leyenda del club como Higuita, del mismo presidente de la institución, en una rueda de prensa para manifestarle un apoyo incondicional a quien llevó al club a la derrota, el técnico español Juan Manuel Lillo, no es una buena señal. Es un acto agresivo contra la afición.

Nacional perdió en todo sentido. De tener una media de 35 mil aficionados por partido, a un promedio de quince mil. Se esfumaron, se fueron esos veinte mil aficionados del estadio por obra y gracia de unas decisiones administrativas que no gustaron y nunca fueron bien explicadas por aquello del “silencio empresarial” que se traduce en pactos de confidencialidad. El proyecto Lillo fue un fracaso en la parte económica.

Y en la parte deportiva ni se diga. Este equipo del técnico español nunca sedujo a los hinchas. No era ni chicha ni limoná, un híbrido conceptual y táctico, un equipo incapaz de ganar adeptos y de lograr títulos tras sus eliminaciones en Copa y Liga.

Por este rotundo fracaso tienen que responder las cabezas a las cuales entregó la OAL el manejo de una joya de la corona, un equipo que venía de ser campeón de Copa Libertadores y de presentar unos números maravillosos en materia económica. Debe responder Juan Pablo Ángel, quien enfiló contra Reinaldo Rueda, haciéndole la vida imposible, por su animadversión contra el PF Velasco. Debe responder el presidente Andrés Botero, tan ignorante del tema futbolístico como del tema empresarial, capaz de asistir a la rueda de prensa para ratificar al técnico que la afición no quiere y no respeta.

Los respaldos a los técnicos se brindan en la cancha y no en los micrófonos. Escudarse en la prensa y tratar de ignorantes a los aficionados, como lo hicieron jugadores, técnico y directiva, sólo indica que la ruptura entre la afición y la institución es total, como nunca antes había pasado en una entidad modelo del fútbol colombiano.

Antonio José Ardila es un empresario y como tal mira el P&G. Y ese balance en esta temporada, sin la menor duda, es un déficit absoluto en resultados económicos y deportivos.

Tuvieron su oportunidad y la dilapidaron, por eso en Nacional hay que barajar de nuevo con gente diferente, sin Ángel, Botero, Lillo, Henríquez y su camarilla de jugadores que querían vacaciones el 10 y lo consiguieron.

 

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