Por: Cartas de los lectores

Barbarie

Siempre estaremos, íntegramente, del lado del pacifismo. Por principios y convicciones no admitimos la pena de muerte y menos la guerra como expresión humana.

Los asesinatos aleves ocasionados en la vereda La Esperanza (Cauca) por la Farc, nos toca la desesperanza y la tristeza. Esta clase de actuaciones le otorgan a la oposición argumentos para detener el proceso de paz. Viene a nuestro recuerdo las interceptaciones ilegales por las cuales ha sido condenado Andrés Sepúlveda. 
 
El caso del general Rubén Darío Álzate se encuentra sin investigación y resultados para los colombianos. La foto del soldado llorando, presentada por el expresidente, con leyenda manipulada, fue tomada in Irak en el 2003 y es un soldado norteamericano. Así se ganan adeptos. Ahora se presenta un grave suceso condenable desde todo punto de vista, pues la guerrilla había prometido un cese unilateral indefinido pero debió comprender que esta oportunidad ofrecida se revertiría contra los acuerdos de La Habana, porque la astuta oposición llamaría a la sensibilidad de los colombianos. 
 
Tremenda ingenuidad militar al ordenar pernoctar en campo enemigo a los soldados, carne de cañón de todo conflicto, sin anillos de seguridad. Y qué explicación tendrá la falta de apoyo aéreo, porque no solo existe apoyo aéreo bombardeando. Hay que considerar, también, que habían ocurrido enfrentamientos e iban a la caza de alias Chichico, de la columna Miller Perdomo. En este difícil pulso de guerra y paz hay que mantener fuertes convicciones y decidido accionar consecuente con todo lo que huela a paz; sin temores, sin reversas que propician pérdida de tiempo y condenas al proceso. 
 
En cuanto a la sorpresiva e improvisada idea de ponerle término a los diálogos de paz, hay que decir que nunca ha habido un proceso de paz con plazo definido, en el mundo. La buena fe, el cansancio de los ciudadanos y el entendimiento de que están en un grave error con una inútil guerra fraterna, darán, oportunamente, el tiempo para el final de los acuerdos. 
 
 
Ómar León Muriel. Medellín.
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