Barras a secas

Ese apelativo-calificativo de “bravas” que se les da a las barras hinchas de los equipos debe extinguirse de nuestro léxico; en principio y como medida pasiva para que esa bravura se acabe.

Es una palabrita o palabrota que incita a la violencia. Si todos y en todos los niveles la eliminamos de nuestro léxico, ayudará a que no haya más violencia en los estadios y fuera de ellos protagonizada por estos “bravos o bravucones” a los que se les infla el ego al pertenecer a ellas. Si la olvidamos y solamente las llamamos barras, puede resurgir el comportamiento contrario a la bravuconada: la no violencia y el respeto por la persona, por el ser humano, por el semejante. Y eduquémoslos también desde todos los niveles (el hogar, el colegio, la universidad, la prensa hablada y escrita, las alcaldías pertinentes) para que entiendan que la bravura es la fiereza de los brutos.

Fabio A. Ribero Uribe.  Bogotá.

Puntos de encuentro

Por medio de la presente quiero presentar mi inconformismo porque no se ha inaugurado el Punto de Encuentro instalado por el IDU en la estación Alcalá de Transmilenio. Soy habitante de Cedritos y a quienes estamos muy lejos de la Autopista nos toca pagar transporte adicional para poder llegar a la estación y en las noches coger los taxis que, a diferencia del otro lado de la Autopista, cobran una tarifa completa.

Para muchos, y me incluyo en esto, la posibilidad de poder usar una bicicleta es una opción que nos ayudaría mucho a nivel económico. El Punto de Encuentro nos ayudaría a dejar la bicicleta, ayudaría al medio ambiente, promueve el uso de la bicicleta y no de carros, etc.

Me parece increíble que ya esté construido, y su diseño sea tan bonito, pero no se haya inaugurado aún. Para mí, la movilidad de mi casa hacia muchos puntos es compleja y Transmilenio y bicicleta serían la mejor opción.

Elvira Helena Mendoza S.  Bogotá.

Problemas varios

Si la llamada sociedad civil genera identidades masivas con sus marchas, éstas deben continuar y ser utilizadas para lograr cosas tan disímiles pero urgentes como salvar la Constitución, que está amenazada en su esencia al perderse el equilibrio entre los poderes del Estado, como lo advirtió el editorial del periódico el último domingo, y no permitir que caigan en el olvido problemas mayores como el de los desplazados, que suman según los últimos datos oficiales más de tres millones de compatriotas que siguen padeciendo la indolencia social y la incomprensión estatal, y no permitir que se crea que la solución es sacarlos de la vista como lo propuso alguien en el Congreso. Al parecer los legisladores creen que si no los ven no existen, ese simplismo es válido en nuestra etapa infantil, pero los estados no pueden impunemente actuar en forma pueril.

Supongamos que los desplazados ya no existen, que mil Carimaguas bastaron para ubicar a todos los desheredadas de la tierra y que al desaparecer la guerrilla, desaparecen las fuerza paramilitares y por lo tanto cesa el eterno abuso sobre los campesinos.

¿Bastará eso para superar toda nuestra tragedia? Creo que no, porque de acuerdo con las cifras oficiales tenemos veinte millones de secuestrados por la miseria, esta sí la más antigua carcelera, la más cruel y despiadada, que al parecer no obedece órdenes de ningún economista ni líder político.

Pero esa situación de miseria no sólo la padecemos nosotros y no es la única razón de angustia. El Estado, de hecho, está indefenso ante las acciones del capital anónimo que según afirman los expertos genera el aumento de los precios de los combustibles y alimentos, haciendo inevitable la inequidad.

Hay que abandonar la idea de que los ricos son los culpables de todos los males y deben dejar de ser empresarios exitosos. ¡No! Por el contrario, los ricos deben ser protegidos como minoría, pero también el Estado debe proteger a la mayoría del eterno abuso de esa minoría.

Pienso que el futuro de la sociedad humana tiene luz al final de este largo túnel de necedad de más de veinte siglos, al parecer surgen nuevos lideres con ideas novedosas y sin terquedades extremas.

Arsecio Jordan. San Andrés.

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