Por: Iván Mejía Álvarez

¡Basta ya!

En los estadios todavía no ha sucedido nada grave. Se juega sin mallas protectoras y todavía está en observación el comportamiento del público.

En las afueras ha pasado de todo en la última semana. Unos facinerosos disfrazados de hinchas del América arrasaron con poblaciones y carreteras en su viaje hacia Pereira. Robaron en las tiendas, se enfrentaron a piedra y cuchillo con otras barras. Unos hinchas de Millonarios fueron atacados por barras del Tolima y del Huila y como resultado del enfrentamiento se sabe de un muerto y varios heridos. En Armenia hablan de un grave enfrentamiento con la barra de Santa Fe, en pleno centro de la ciudad, con lamentable saldo para los almacenes y la paz pública. Todo eso en apenas una semana de campeonato, lo que indica, como dice el aforismo popular, que desde el desayuno se sabe cómo será el almuerzo.

Llegó la hora, señores del Gobierno, de empezar a ponerle freno a esta situación. Llegó la hora de prohibir el desplazamiento en buses de las barras visitantes, para evitar todos estos actos delincuenciales, estas luchas entre bandidos disfrazados con camisetas de cualquier color; la hora de evitar que estos sujetos arrasen con las tiendas y paradores del camino, amparados en la cobardía de sentirse en masa.

Los videos registrados por los noticieros en muchas oportunidades muestran la forma en que estos individuos viajan preparados para un partido de fútbol: armas blancas como para despellejar una manada, armas de fuego, alguna vez hasta una granada le encontraron a una barra de Nacional; drogas en cantidades industriales y alcohol, una mezcla letal si se combina con su enfermiza pasión y su absoluta ignorancia de la convivencia.

El Gobierno ha sido cómplice silencioso de esta violencia y no ha encarado el mal de raíz. Ahora que el presidente Santos quiere demostrar que las lecciones de fraternidad del Mundial Sub-20 florecieron en el país —eso creen él y otras autoridades—, bien vale la pena que se ayuden limitando a los hinchas visitantes que viajan por las carreteras en son de guerra. Pueden estar seguros de que esas medidas ayudarían mucho a que se presenten menos disturbios y enfrentamientos en los estadios .Y, fundamentalmente, que se proteja la seguridad de los ciudadanos de bien en las carreteras y establecimientos aledaños a las vías.

Llegó la hora, presidente Santos, de meterles seguridad ciudadana a los maleantes de las barras visitantes, así paguen justos por pecadores. Hay que prohibir esos buses llenos de delincuentes atropellando a la gente de bien.

PD: Patéticas las imágenes de Bedoya pidiéndoles permiso a los jugadores para nombrar el técnico de la selección .Qué bajo ha caído el presidente de la Federación, patética y lamentable muestra de ineptitud y falta de autoridad.

 

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