Por: Arturo Guerrero

Bastimento, comida de centauros

Ayer se cumplió un mes de la muerte en Arauca de don Trino Sixto Torres, el llanero más llanero, el más antiguo caporal o arreador de ganado de las sabanas colombianas. Ajustaba 104 años.

Desde comienzos del siglo pasado y hasta finales de los años 70, don Sixto cabalgó Arauca, Casanare y Meta hasta arribar a Villavicencio, conduciendo miles de cabezas de ganado a través de hatos, ríos, praderas, soles mordientes. Cada viaje tomaba entre un mes y mes y medio.

Después se trazaron las carreteras y estas epopeyas con centauros se extinguieron. "El ruido del motor apagó el canto del cabrestero", declaró en 2010 la artista plástica Soraya Yunda quien ese año dirigió la película documental A Villavicencio… o al cielo, la cual narra aquellas travesías desde el testimonio de sus viejos protagonistas.

Era otro mundo, otra tierra, otros hombres. Don Trino, delgado, erguido, invencible, se dormía a las 7 de la noche y madrugaba a las 3. Por algo sus dos nombres de pila evocan ese número 3: Trino Sixto. Montó sus potros hasta casi morirse. ¿Qué comía?

Como los demás trotamundos llaneros, bastimento: carne frita de res o cerdo en trocitos salados, tajadas de plátano o topocho verde, envueltos de arroz, bolitas dulces de maíz llamadas gofios. Anchas hojas de envoltorio impregnan un sabor irrepetible.

Empacan estos alimentos en el talego pollero, también llamado "por si acaso", cuya boca estrecha, en el centro, da entrada a dos compartimentos alargados donde se distribuyen con un orden especial. El pollero se cuelga sobre las ancas de la montura.

De un pasador de la pretina del pantalón pende la totuma, estampada con la marca del hato de cada vaquero. La totuma era vajilla, en ella se sirve el bastimento, se toma agua o alguna bebida fermentada. Con ella se bañan los hombres en los ríos. Se sostiene amarrada con una tira de cuero que entra por un agujero abierto en su borde.

Pues bien, estas viandas y sus técnicas, utensilios, envoltorios, el trabajo histórico serio y documentado sobre esta gesta, fueron reconocidos antier por MinCultura en el Premio Nacional a las Cocinas Tradicionales Colombianas, versión número diez.

Hay dos coincidencias de esas que gusta marcar el destino cuando quiere decir algo. El premio se falló a pocas horas de cumplirse un mes de la muerte del caporal de caporales, don Trino.

Y la directora del grupo 'Quitapesares' que concursó con esta experiencia es Soraya Yunda, realizadora del documental mencionado. Desde su ciudad, Villavicencio, esta artista investiga sin fatiga la cultura popular de la Orinoquía. Y salva lo salvable. El bastimento, en efecto, está en extinción pues según ella "hoy en todos los hatos hay fronteras".

Los llaneros ganaron el tercer puesto. Mejor, las llaneras, porque 'Quitapesares' estuvo representado por mujeres, las que cocinan y dan sabor de misterio al bastimento.

El segundo fue para indígenas emberas de Tierralta, Córdoba, pintadas de negro en cara y piernas, que acompañaron el ahumado de pescado con danza y canto. El primero, para participantes de Leticia, agasajados por la fermentación de yuca y la cocción de pescado.

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