Por: Cartas de los lectores

Batman

Sólo quería felicitarlos por el artículo “Batman ataca de nuevo”, de Santiago La Rotta.

Bien escrito, conciso... Un caramelo para quienes amamos el cine y estamos cansados de tanta banalidad y alarde de ignorancia del resto de medios acerca del cine.

¡Qué bueno que ustedes hagan una diferencia!

 

Juan Carlos Estupiñán. Bogotá.

Entrevista

El fiscal general de la Nación, Eduardo Montealegre, en entrevista concedida a la periodista Cecilia Orozco Tascón en el diario El Espectador del domingo 8 de julio de 2012, reitera su acuerdo con puntos discutibles de la sepultada reforma a la justicia donde se colaron micos que daban al traste con la institucionalidad del país. Esta vez lo hace recurriendo al manido argumento de que las interpretaciones y decisiones jurídicas pueden aislarse totalmente de la moralidad pública. Para ello dice, sin más, que “hasta ahora ha predominado el positivismo jurídico según el cual en el momento de tomar decisiones hay que sustraer las posturas éticas”. Esto significa nada menos, como le replicó la periodista, que el fiscal se atiene exclusivamente al aspecto legal, sin interesarse por asuntos que tienen que ver con la moral colectiva. Resulta, señor fiscal, que fue esta moral colectiva la que puso freno al esperpento jurídico que usted aún avala, y esto es así, porque un régimen democrático opera con normas de acción que se presentan en forma de derecho, pero también han de encontrar justificación en razones morales y políticas. Lo jurídico debe contener también las opiniones que obtienen reconocimiento en los espacios públicos, para que pueda proceder a ganar la aceptación de la colectividad. Por ser la moral y el derecho dos esferas que pertenecen al ámbito de la acción humana racional, si bien no son lo mismo, no deben estar desvinculados completamente. Ni el derecho debe estar supeditado a cuestiones metafísicas, ni tampoco reducido a su pura positividad. El derecho, para que cada vez vaya siendo menos coactivo y por el contrario sea un instrumento de poder incoactivo, no debe ser un sistema cerrado sobre sí mismo, sino algo dispuesto a complementar su legitimidad en la fuente de la moral, porque una esfera jurídica sin contenido moral queda reducida a pura exterioridad. Quizás por abrírsele tanto camino al positivismo jurídico estamos como estamos en el país, con dosis inigualables de corrupción y legislaciones hechas en beneficio propio.

Rafael Ariza. Ciénaga.

Envíe sus cartas a lector@elespectador.com.

 

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