Por: Fernando Araújo Vélez

Bessie Smith, el significado del blues

Que cantaba en las calles con los negros a cambio de unas monedas o un pedazo de pan, y con ellos aprendió. Que jamás se supo cuándo nació, pero fue en Chattanooga, Tennessee, entre 1895 y 1900.

Que a los ocho años limpiaba los cuartos de los burdeles de su pueblo. Que, un año más tarde, una señora de nombre Ma Rainey, muy bien vestida y negra como ella, se le acercó para proponerle que se fuera de gira con su grupo, Theater Owners Booking Association, y ella aceptó. No tenía nada que perder. A fin de cuentas, ya estaba perdida. Que la señora Rainey le enseñó a poner el énfasis en la frase que se necesitaba, le dijo que cada estrofa debía ser una historia, y esa historia siempre debía ser la suya. Que a los 17 años, en un club de Alabama, un señor le preguntó si había pensado alguna vez en ir a Nueva York a cantar, y ella le respondió que, de pensar, había pensado muchas cosas, pero todas eran poco menos que imposibles. Que a comienzos de los 20 ese señor, Frank Walker (su futuro productor), la mandó llamar para prensar un disco con Columbia y esa fue “la experiencia musical más importante de mi vida, nunca había oído nada como el aire tormentoso que aportaba a la música de su gente. Ella era el significado del blues”. Que en 1921, Thomas Alva Edison le grabó una canción, para desecharla después pues no era lo suficientemente comercial. Que la cinta se extravió, como tantas otras, y que dos años más tarde, en el 23, el mundo del jazz y del blues se partió en dos cuando ella, Bessie Smith, grabó Down Hearted Blues con el sello Columbia. Que el éxito, el dinero y la fama la llevaron al alcoholismo y a una profunda adicción por el sexo, pero que nunca dejó de darle la mano a quien la necesitaba. Que su generosidad la arruinó, aunque también la salvó, pues a partir de ella, de su ejemplo y sus luchas por cantar donde sólo podían cantar los blancos, las negritudes norteamericanas comenzaron a comprender que tenían derechos. Que su derecho a ser atendida en un hospital de blancos le fue negado y falleció en una camilla, desangrada, después de haber padecido un accidente en una carretera de Mississippi, en septiembre de 1937. Que la sepultaron sin lápida y apenas en 1970 alguien, Janis Joplin, se apiadó de su memoria y puso una en su tumba con un epitafio que decía: “La más grande de todas las cantantes de blues del mundo jamás dejará de cantar”.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Fernando Araújo Vélez

Ahora que la denuncia es la ley

Vivir en harapos por una obra

Abrir el juego

Dime qué música oyes

Del lenguaje de las noticias y otros poderes