Por: Iván Mejía Álvarez

Bienvenido MC

El fútbol es un deporte colectivo, pero los resultados en el juego muchas veces los decretan los duelos individuales.

Por ejemplo, en 90 minutos el Independiente Medellín no fue capaz de capturar, enjaular, al talentoso Macnelly Torres, y su magistral cátedra de fútbol en el Atanasio terminó desequilibrando el partido a favor del Júnior. Muchas veces cuestionado, el diez del elenco tiburón tuvo una actuación sobresaliente, en la que sacó a relucir lo mejor de su repertorio. Pidió la pelota y puso todo el equipo a girar a partir de su posicionamiento en la cancha, repartiéndola como quien entrega caramelos a los niños, con suavidad, docilidad y metiendo pases profundos que terminaron siendo los goles de su escuadra.

Macnelly se ausentó él solito de Brasil 2014. Por ganarse unos petrodólares dejó el fútbol colombiano y la selección donde era hombre del riñón de Pékerman, para irse a una Arabia de esas en la que jugó muy poco, perdió ritmo competitivo y regresó con las manos vacías, sin Mundial, sin juego y sin plata porque los árabes prometen mucho y son malos para pagar.

Le ha costado volver, pero el partido en Medellín fue una agradable noticia para los que se rinden ante la categoría de los buenos jugadores y Torres en buena condición es un crack de verdad. Feliz regreso, Macnelly, tus compañeros te van a seguir agradeciendo esos deliciosos pases que los dejan mano a mano con el arquero rival.

El duelo individual entre Bréiner Castillo, el portero de Envigado, y Fernando Uribe, el delantero de Millonarios, determinó el resultado en el Polideportivo. Mientras Brecas estuvo inmenso en tres situaciones claras de gol contra Uribe, cerrándole ángulos, atorándolo en la salida, mostrando felinos reflejos, Uribe estuvo lejos del nivel resolutivo que debe tener un goleador. No se supo escorar, encaró de frente, mostró para dónde iban sus remates, le dio plenas facilidades al golero en su accionar.

Pese a figurar arriba en la tabla de artilleros, Uribe no es un goleador. Es un buen jugador, lleno de recursos técnicos, que sabe volantear, asociarse, que entra en el circuito de juego, pero que falla tantas posibilidades que termina siendo cuestionado hasta por los propios hinchas, que se cansan de verlo despilfarrar pelotas claras en el mano a mano. Una cosa es un goleador y otra un jugador que hace goles. Uribe es del segundo estamento.

Sí, el juego del fútbol es colectivo, pero los duelos individuales determinan muchas veces los resultados.

 

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