Por: Augusto Trujillo Muñoz

Bienvenidos al pasado

Pocas veces en su historia los colombianos lograron un pacto de Estado tan significativo como el de la Constitución del 91. Detrás de su convocatoria hizo presencia la sociedad colombiana en forma trasparente y comprometida. Pero faltó pedagogía constitucional.

En su inmenso pragmatismo, el presidente César Gaviria se alineó con la idea de la Constituyente, pero solo al principio. Tan pronto la Asamblea fue clausurada regresó al ejercicio del clientelismo puro y duro. Fue lo que mejor aprendió de su maestro en Pereira, el “Plumón” Óscar Vélez quien, por cierto, lo definió como un hombre imposible de definir. Gaviria estaba en el lugar equivocado y, por eso, resultó inferior a sus obligaciones. A poco andar regresaron las violencias, la corrupción y la crisis.

En virtud de aquel supuesto pragmatismo el país dilapidó las conquistas de su nueva Constitución, neutralizó sus avances e ignoró sus logros. En los últimos 20 años el Congreso aprobó más de 35 contrarreformas y los gobiernos cooptaron a legisladores y jueces para reinstalar normas y principios vigentes en el régimen anterior. Veinticinco años después la Carta Política vigente ya no es la misma del 91.

La atonía parlamentaria, el activismo judicial, la indolencia dirigente, la indiferencia ciudadana, la corrupción generalizada han descuadernado las instituciones. Hoy existe una profunda desconfianza en el Estado de derecho porque se ha llegado al extremo de que sus normas se aplican selectivamente. Los jueces constitucionales legislan y las decisiones populares se desconocen. Hay una dicotomía, tal vez como nunca antes, entre el país político y el país nacional.

Para completar semejante panorama aparece ahora el episodio de narcotráfico que envuelve a uno de los negociadores de las Farc en La Habana. Semejante hecho puede borrar las diferencias que justificaron el tratamiento privilegiado que se dio a las Farc, en relación con otros grupos ilegales. De acuerdo. Pero, aun así, es preciso insistir en la conveniencia de mirar el problema desde la perspectiva del proceso de paz.

Dicho proceso estuvo a punto de romperse varias veces. La ausencia de liderazgo destruyó la confianza ciudadana, las cúpulas políticas propiciaron la polarización y, en medio de las conversaciones, el Gobierno Nacional nunca miró más allá del país político. El acuerdo fue bombardeado desde el propio Congreso, por cuenta de los amigos del candidato Germán Vargas quien —pragmático o indoctrinario— ahora se rectifica.

Era de esperase que esta campaña presidencial —la primera en medio siglo no incidida directamente por las Farc — permitiera el regreso a su cauce de las aguas desbordadas. Pero aquí hay sectores interesados para que todo siga igual. Incluso se llegó al extremo de impedir diálogos y alianzas. Es increíble: hacer política es conversar, ejercer el diálogo, tender puentes entre distintas visiones.

Aquí no quieren que el país escoja entre el pasado y el futuro sino entre varios pasados. César Gaviria y Álvaro Uribe quieren, cada uno, el suyo: bienvenidos al pasado. Por eso creo que Gaviria y Duque están en el lugar equivocado. Gaviria luce más al lado de Uribe y Duque luciría más al lado de De la Calle.

* Exsenador, profesor universitario.

@inefable1

 

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