Por: Marcela Lleras

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COMENZARON  LOS CERCANOS del presidente Uribe a hablar abiertamente de su reelección, a tantear el terreno, a hacerle el mandado.

Claro que él desde que asumió la Presidencia nunca ha dejado de estar en campaña para las prolongaciones de su período. No es más que ver sus consejos comunitarios: habla con la gente coloquialmente, regaña a sus funcionarios, cuenta anécdotas, manda coger presos a funcionarios, reparte auxilios, donaciones: todo esto fascina. Siempre está en todas partes, ya sea un acontecimiento menor o una tragedia, cosa que la gente agradece porque los presidentes anteriores a él no lo hicieron.

La mano implacable contra la guerrilla, la voz imperiosa y amenazante cuando se refiere a las Farc y algunos resultados, que los hay, gustan  mucho. Infortunadamente, la estadística del 70 y pico por ciento de aceptación indica que a la gente parece importarle menos que no se levante con la misma fuerza contra los paramilitares y los parapolíticos. De todas maneras, el 70 y pico por ciento se siente protegido. Hay, para muchos, un gran papá virtual que cuida a todos los colombianos. Entonces, se oye  decir: Uribe es irreemplazable, ¿si no es Uribe, quién? Si alguien fuera de verdad irreemplazable, el planeta entero estaría paralizado.

Aunque haya actos de gobierno buenos e importantes, perpetuarse en el poder es nocivo, nocivo para el país, porque el mandatario de turno va adquiriendo una confianza perversa en sí mismo y de esa misma forma va desdibujando a sus subalternos; cada día son menos las observaciones o las sugerencias que atiende, va invadiendo y apoderándose de los terrenos de las instituciones sin cuestionarse y con oídos sordos. Y desde luego nocivo también para el que gobierna, porque entra en un estado de megalomanía, donde cree que todo lo puede, que todo lo sabe, que no necesita de nadie, se obnubila y eventualmente va perdiendo la gobernabilidad, cercado únicamente por sus yes men,  llamados asesores. Aquí mismo, sin irnos muy lejos, en nuestro hemisferio tenemos algunos ejemplos.

Sin embargo, también con un poco de buena fe, se puede decir que Colombia es un país en donde se ejerce la democracia representativa, así tenga vicios graves.

Por eso, démosles la bienvenida a los  precandidatos o candidatos que se están destapando en este momento para las elecciones de 2010. Ya Rafael Pardo salió abiertamente al ruedo, otros andan por ahí, midiendo cuidadosamente distancias. Ojalá que vengan muchos y pronto. No importa qué línea política tengan, ya sean independientes o que  representen un partido. Lo importante es que divulguen sus programas de gobierno, que nos hablen, que nos convenzan, que tengamos tiempo de analizar y que haya de dónde escoger el día que depositemos nuestro voto, y esperar que no se presenten a esta contienda electoral individuos con prontuarios difusos y, si así fuese, que seamos lo suficientemente sensatos para proceder, sin ninguna contemplación, a descalificarlos e ignorarlos. Recordemos que lo que está en juego es nada más ni nada menos que la viabilidad de nuestro país.

 

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