Por: Juan Pablo Ruiz Soto

Biocombustibles en el banquillo

La controversia sobre los bio o agrocombustibles (AGC) cada día es más fuerte. En el mundo, su producción sigue creciendo y sus impactos positivos y negativos se empiezan a sentir. Según del Worldwatch Institute (2007), entre 2000 y 2005 la producción de etanol se ha duplicado y la de biodiésel crece geométricamente. Brasil, principal productor de etanol, lo extrae de la caña de azúcar; EU, segundo productor, lo origina del maíz. En EU, los AGC podrían dentro de 25 años reemplazar el 37% del consumo de gasolina y en Europa el 25% de la demanda de combustibles. Con petróleo por encima de 50 dólares el barril, el etanol es atractivo y podría llegar a reemplazar hasta el 10% de la gasolina en el mundo.

 

Worldwatch registra que la producción de AGC está presionando hacia arriba los precios de los alimentos e identifica riesgos para los países tropicales y para los grupos pobres de la población por el uso de tierras agrícolas para producir AGC. Enfatiza que se requiere un conjunto de políticas claras y efectivas si se quieren evitar los efectos negativos.

El documento señala que, desde la perspectiva ambiental, los AGC ofrecen riesgos y oportunidades. En términos del impacto sobre la calidad del aire, si los motores no están adecuadamente calibrados para usar el biodiésel, las emisiones de óxido de nitrógeno aumentan y con el etanol se incrementan las emisiones de micropartículas orgánicas. De otra parte, la expansión de su área de cultivo puede generar erosión de suelos, pérdida de hábitats naturales y reducción de biodiversidad. Sin embargo, si los AGC son derivados de celulosa de árboles o de pastos perennes adecuadamente manejados en cultivos diversificados adelantados en suelos en proceso de desertificación, podría disminuir la erosión e incluso contribuir a su restauración. Para que estos beneficios sean realidad, es necesario que la producción de AGC se acompañe de una clara y estricta legislación sobre el uso del suelo, particularmente en países con bosques tropicales. El estudio recomienda que el mercado de AGC sea certificado, para evitar efectos sociales o ambientales negativos, proteger la base de recursos naturales y asegurar una distribución equitativa de los beneficios económicos.

En el Banco Mundial, donde el cambio climático es tema central, el debate es intenso. Dos estudios recientes publicados en la prestigiosa revista Science y liderados por las universidades de Minnesota y Princeton, señalan que el efecto neto derivado del uso de AGC sobre el cambio climático será negativo. Estos estudios realizan un comprensivo y detallado análisis de lo que está pasando globalmente al convertir tierras de uso agropecuario en tierras para producción de AGC y esto presiona, en diversas latitudes, la ampliación de la frontera agrícola a costa de bosques y sabanas naturales. Los análisis iniciales que sirvieron de argumento para promocionar los AGC en Europa y EU no incluyeron la información asociada a los cambios de uso de la tierra. Hoy, el incremento en la producción de maíz para AGC y la disminución del cultivo de la soya en EU están motivando la expansión de cultivos de soya en Brasil, presionando la destrucción de bosques y sabanas naturales, para suplir la demanda que no atiende EU. Se calcula que para que el efecto sobre el cambio climático sea neutro, se necesitan 167 años de cultivos continuos de maíz en EU. En Indonesia, para llegar a ser neutral, se requieren 423 años, y en el caso de Brasil, si se tumba bosque tropical, se requieren 319 años. La situación es tan preocupante, que incluso la ONU ha creado un panel para estudiar el tema de AGC y cambio climático.

En Colombia una reciente publicación de Censat, Ecofondo y el Proceso de Comunidades Negras, titulada Agrocombustibles. Llenando tanques, vaciando territorios, alerta sobre la expansión de los cultivos para AGC en el Chocó biogeográfico a expensas de uno de los bosques tropicales más biodiversos del mundo y expropiando del dominio y manejo del territorio a comunidades negras e indígenas. Este estudio presenta un cuidadoso análisis de impactos sociales muy negativos asociados a la expansión de los AGC en el andén Pacífico. En otra región y contexto, Carimagua se asocia con la producción de AGC y es tema de intenso debate. En síntesis, tanto a nivel global como nacional, es necesario revisar los impactos de los AGC antes de entrar ciegamente a favorecer su expansión.

 

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