Por: Juan Pablo Ruiz Soto

Biodiversidad, desastres y pobreza

Es lugar común decir que la biodiversidad tiene un gran valor y que Colombia es uno de los países más ricos del mundo en biodiversidad.

Sin embargo, siendo los productores del campo quienes están en mayor contacto con nuestra riqueza biodiversa, durante el paro y el movimiento nacional agropecuario el tema de la biodiversidad no se mencionó. El único tema relacionado que se puso sobre la mesa es el de las semillas y la reivindicación de los productores del campo de poder usarlas e intercambiar de manera libre e independiente. Todas las semillas naturales provienen de la diversidad biológica, pero la ley de semillas dificulta el uso de esta riqueza por parte del campesino. La diversidad de especies usadas en la agricultura es sólo una expresión de la riqueza asociada a la biodiversidad.

Por su parte, los monocultivos son uno de los grandes motores de destrucción de la biodiversidad. Sin embargo, los productores agropecuarios reivindican su derecho a una agricultura competitiva basada en el monocultivo y piden la reducción de aranceles a los agroquímicos.

¿Trasciende la biodiversidad como riqueza en la vida cotidiana de todos los colombianos? ¿O esto es puro cuento de los ambientalistas y es mejor destruir el monte y sembrar palma africana y hacer potrero?

La biodiversidad trasciende cuando disponemos de agua o se agota, cuando se inundan nuestros campos o nuestras viviendas, cuando una creciente o un deslizamiento se lleva una carretera. La biodiversidad que se alberga en los ecosistemas naturales y en los ecosistemas transformados es la que sostiene lo que llamamos los servicios ecosistémicos o servicios ambientales, y ellos son los que regulan el caudal hídrico, disminuyen las inundaciones o los efectos de falta de lluvia, mejoran la calidad del agua y disminuyen los costos de su tratamiento para que la hagamos potable, disminuyen las crecientes y así protegen la infraestructura vial, evitan la pérdida de suelos haciendo más competitivos a nuestros agricultores y contribuyen a la regulación del clima local y global.

Si conservamos los servicios ecosistémicos serán fuente de riqueza; si los destruimos serán fuente de desastres, pobreza y ruina. En época de intensas lluvias, la biodiversidad demuestra su valor y cómo la protección de los ecosistemas es importante para la vida económica y social del país. No estamos descubriendo el agua tibia, pues el Banco Mundial y el gobierno de Colombia ya están trabajando en el proyecto “Contabilidad de la riqueza y la valoración de los servicios de los ecosistemas” (Proyecto Waves) que busca valorar y llevar al sistema de cuentas nacionales el aporte de los servicios ecosistémicos al desarrollo económico y social.

Mientras esta contabilidad se consolida y nos ayuda a definir el camino, conservemos nuestros ecosistemas naturales y seamos conscientes de que su destrucción lleva a desastres y pobreza, más ahora que debido al cambio climático enfrentamos períodos de lluvias intensas y altas temperaturas. Todos nosotros, con nuestro actuar cotidiano y con la debida presión que debemos ejercer sobre las instituciones públicas, podemos evitar que la destrucción de los servicios ecosistémicos genere desastres y pobreza.

 

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